martes, 13 de enero de 2009

MARTIN HEIDEGGER (I)



Martin Heidegger
...(una humilde aproximación a su pensamiento, por un servidor)

(1889 – 1976)

Nació el 26 de septiembre de 1889 en el pueblo de Messkirch, región de Balden-Wurtemberg, en la Selva Negra alemana y murió ahí mismo, en casi total aislamiento, el 26 de mayo de 1976.

Según diversas opiniones, Martin Heidegger fue un fenomenólogo, un existencialista, un ‘nazi’, uno de los filósofos más originales (o el más original) del siglo XX, un charlatán pretensioso o un gran espíritu. Es verdad que aplaudió la toma del poder por Adolf Hitler (como debe ser) y que se separó de Husserl por que este era judío, además de ser nombrado orgullosamente “FührerRektor” de la Universidad de Friburgo.

Se consideraba a sí mismo un fenomenólogo, pero los demás creen que fue el primer existencialista ateo (en realidad agnóstico).

La mayoría (¿burguesía?) coincide, empero, en que es muy difícil seguir a Heidegger, casi imposible sintetizarlo, y bastante especulativo. Su método esta a años luz de distancia de la lógica rigurosa de la filosofía analítica.

En este foro trataremos de discutir y analizar algunos aspectos de su filosofía.

Heidegger y el lenguaje.

Mediante el contraste entre arte y tecnología, Heidegger intenta mostrarnos que hay diferentes formas de ser-en-el-mundo (in-der-Welt-sein). Algunas, como el arte, implican un cuidado de las cosas en su contexto y significado histórico. Esto es parte de la vida auténtica. Pero otras, como las actitudes tecnológicas que tratan todo como un recurso disponible, niegan que somos solamente un ser entre muchos seres...y, en consecuencia, niegan el Ser.

¿Cómo logramos esa otra relación con el mundo? ¿Cómo llegamos a una actitud que no sea tecnológica? Al reconocernos como Dasein (ser-ahí) y no como ‘cosa pensante’, estamos en condiciones de percibir que una de nuestras prácticas sociales nos permite discernir nuestra relación con el Ser, al mismo tiempo que nos muestra cómo vivir acorde con ella. Esta práctica, la preocupación central de la última parte de la vida de Heidegger, es el LENGUAJE.

Pero Heidegger no buscaba el lenguaje cotidiano; ni el de la lógica racional. Sino las palabras fundamentales, una poética que tendiera un puente con el Ser.

Mediante el lenguaje, podemos experimentar nuestra relación original con el misterio de la existencia.

El lenguaje es como una memoria extendida del Ser, que registra todos los momentos en que hubo seres que surgieron a la existencia.
Cada aparición del Ser crea una palabra especial que se convierte en símbolo de su llegada.
Si buscamos el origen de nuestras palabras fundamentales, podemos recordar la experiencia original de su surgimiento a la existencia por el Ser.

¿Cómo entender el significado primordial que Heidegger atribuía al lenguaje?; tomemos , por ejemplo, la palabra “amor” tal como nuestra ‘sociedad’ la usa hoy.

Uno puede ‘amar el fútbol y la cerveza’, uno puede ‘amar’ el chocolate, el cine, el dinero, el sexo...¿puede uno amar a su pareja?
Luego de ver la palabra “Amor” en miles de tarjetas, avisos comerciales, revistas de chismes y ‘entretenimiento’, hallamos su sentido empobrecido. “Amor” ya no tiene el significado que una vez tuvo. Hoy, en nuestra materialista sociedad, decir “te amo” no es muy diferente a decir “ “pásame la sal”; ¿Y que hay de la expresión “hacer el amor”?

Heidegger pensaba que el proceso por el que las palabras se empobrecen es largo.

Cada generación añade una capa de barniz sobre el sentido original de la palabra esta se va cubriendo de estratos.
Según Heidegger, hubo un momento en que alguien pronunció por primera vez la palabra “amor”. En ese momento no había diferencia entre la palabra y su
sentido, entre la palabra y su experiencia original. “Amor” se hizo existente en el momento en que fue hablado. En ese instante, el ser llamado “amor” surgió a la existencia por el Ser.
Para Heidegger, la clave para entender nuestro lugar en el mundo reside en reconocer ese momento inicial de la existencia, el momento en que “el Ser habla”, un momento presente en el núcleo de nuestras palabras más importantes. Al quitar las capas de sedimentos que la historia ha depositado sobre la experiencia original de las palabras capitales de nuestra vida —verdad, conocimiento, ser humano, etc. — podemos vivir una vez más en relación con esos acontecimientos de la existencia. Así, cuando alguien dice “te amo”, experimentará el significado original y genuino de sus palabras y, en consecuencia, aceptará la responsabilidad de lo que declara.

Según Heidegger, la experiencia original de la mayoría de las palabras fundamentales de nuestra vida está inscripta en la lengua griega. El griego no es un lenguaje común, sino que mantiene una relación especial e inmanente con el Ser. En griego, lo que se dice, al mismo tiempo es.

Nuestras palabras fundamentales surgieron a la existencia en griego, la lengua en que por primera vez se pronunciaron las preguntas fundamentales. Por su relación especial con los seres y el Ser, Heidegger decía que el griego era el Logos: un lenguaje en el que las palabras son inseparables de aquello que nombran.

A fin de descubrir y vivenciar nuestras palabras más importantes, debemos retrotraernos a sus orígenes griegos. Una vez que lo hemos hecho, empezamos a comprender nuestra relación con el Ser.

Todo nuestro lenguaje, el lenguaje del Dasein, se convierte en la memoria viva de los seres que surgen a la existencia o, como dijo Heidegger, “el lenguaje es la morada del ser”.
Somos el ser especial que puede hacer preguntas sobre el Ser y, por tener esa capacidad, nos convertimos en cuidadores o guardianes del Ser.

En su eterna búsqueda del lenguaje que rompiera con las capaz de barniz dispuestas sobre el sentido original, Heidegger forzó su lengua nativa hasta el extremo:
· Acuño términos.
· Fusionó palabras.
· Desempolvó viejos vocablos en desuso.
· Tamizó etimologías.
· Forjó nuevos sentidos.

Todo esto motiva la discusión de sus intérpretes, pero para Heidegger todo fue una necesidad del pensar, puesto que…

“2000 años de pretensiones filosóficas egoístas han oscurecido nuestra relación única con el Ser”

En la historia que nos cuenta Heidegger,

· El Ser fue velado primero por las Ideas de Platón.
· Luego por la Sustancia de Aristóteles,
· La Cosa Pensante de Descartes,
· El Imperativo Categórico de Kant,
· La Voluntad de Poder de Nietzsche, y hasta
· El Existencialismo ‘humanista’ de Sartre (que irónicamente esta inspirado sobre la obra de Heidegger)

Poco a poco el Ser quedó olvidado detrás de los razonamientos, el cálculo, la lógica y también el irracionalismo.

Por olvidar la característica más importante de nuestra existencia, hemos pagado un precio demasiado alto: un mundo dominado por la actitud tecnológica.

Pero eso será tratado en otra ocasión…

1 comentario:

electron dijo...

Estaria bien que comentaras acerca de su libro "El ser y el tiempo"

saludos.

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(Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos)


El Congreso no promulgará ninguna ley con respecto a establecer una religión, ni prohibirá el libre ejercicio de la misma, ni coartará la libertad de expresión ni de la prensa; ni el derecho del pueblo a reunirse pacíficamente y de pedirle al Gobierno resarcimiento por injusticias.
(Primera Enmienda de la Constitución de los EE.UU., ratificada el 15 de diciembre de 1791.)


Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión

(Articulo 19 de la Declaración Universal de los Derechos humanos, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de Diciembre de 1948 en Paris.)


- 1. Toda persona tiene derecho a la libertad de expresión. Este derecho comprende la libertad de opinión y la libertad de recibir o comunicar informaciones o ideas sin que pueda haber ingerencias de autoridades públicas y sin consideración de fronteras.

-2. Se respetan la libertad de los medios de comunicación y su pluralismo.

(Artículo II - 71; Título II concerniente a "Libertades "del Tratado para el que se establece una Constitución Europea)