Mostrando entradas con la etiqueta sionismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sionismo. Mostrar todas las entradas

jueves, 30 de julio de 2009

CRIMEN ATROX: Una introducción a la Teología Dogmática del Holocausto (II)




¿Cómo se explican estas falsificaciones? La pregunta ciceroniana del cui bono se contesta fácilmente en este caso, pues los documentos construidos justifican a los vencedores de la contienda y benefician al sionismo internacional: sin Holocausto ¿podría poseer Israel armas nucleares? Los medios y la oportunidad para confeccionar apócrifos están también claros: tras la capitulación incondicional del Reich alemán y el arresto del Gobierno encabezado por Doenitz, el bando victorioso disponía, con completa impunidad, de todos los elementos para la elaboración de falsificaciones (judíos germanoparlantes, papel membreteado, sellos, maquinas, originales con numero de acta que pudieran hurtarse para los apócrifos), pero ciertos vestigios de la adulteración pueden detectarse, ya que los falsificadores estaban en lucha contra el reloj y no podían controlar ni corregir todas las consecuencias de sus manipulaciones. No existe el crimen perfecto sino, a lo sumo, el crimen que no se descubre.

En general los historiadores ortodoxos de la actualidad renuncian a presentar documentos probatorios de un plan de exterminio y adoptan la Tesis del Lenguaje Secreto. Previenen al lector de que no vaya a interpretar los documentos tal como están: eso seria una ingenuidad, ya que -dicen ellos- el significado de los términos en el lenguaje burocrático nazi difiere del significado habitual. Desde luego esta afirmación gratuita requiere fundamentación, por ejemplo, un código de desciframiento, o una prueba similar que hasta ahora no ha sido presentada.

EL HECHO DEL HOLOCAUSTO

Pasemos a la segunda cuestión. El hecho del Holocausto ha sido establecido por el IMT Nuremberg y los sucesivos historiadores oficiales sobre la base de cálculos estadísticos demográficos, confesiones y, predominantemente testimonios de testigos oculares, los judíos “sobrevivientes del Holocausto “: a veces se exhiben fotos de campos de concentración como si éstos fueran una prueba. Sorprende que en esta lista no figuren peritajes técnicos. Si el lector tuviera la mala idea de liquidar a su vecino de tres balazos, no podrá ponerse de acuerdo con sus amigos y echarle la culpa al Hipopótamo Metafísico. Una investigación comenzará con un examen del cuerpo del delito, del arma homicida y del lugar del hecho. Primero están las realidades tangibles y sólo después lo que se declara sobre ellas.
Sorprende también que los soviéticos, inmediatamente tras la “liberación” del KZ Auschwitz (21.1.1945) no hayan informado exactamente sobre cámaras de gas. En Pravda del 2.2.1945 aparece un informe errático de un tal B. Poleweu desde Auschwitz, donde curiosamente el corresponsal no encuentra más que rumores, a pesar de que adopte un tono apocalíptico y fantasee con sillas de tortura de la marca “Krupp”, Poleweu informa que había una cinta transportadora eléctrica (elektrokonweira) que permitía electrocutar simultáneamente un centenar de personas y traladarlas a los crematorios; agrega, sin embargo, que él no la vió... pues los nazis habían eliminado todas las huellas... Habla de “aparatos móviles para el asesinato de niños (sic), pero que esos aparatos ya no estaban. Cuenta de unas cámaras de gas en “la parte oriental” del campo de concentración, que habían sido transformadas en garajes. A fin de cuentas, Poleweu no vio absolutamente nada: ¿dónde están las cámaras de gas y la consabida escenografía, las montañas de zapatos, anteojos y piezas dentales, las prendas de las víctimas?
Al fin y al cabo los soviéticos fueron lo suficientemente inteligentes como para masacrar a 15.131 oficiales polacos en los recónditos bosques de Katyn y no en las puertas de Wilna o de Lemberg. ¿Por qué iban a elegir los nazis un complejo industrial como Auschwitz para ejecutar un plan secreto de exterminio? Dentro del territorio controlado militarmente había miles de mejores lugares para efectuar ejecuciones masivas.
Importante es esto: desde el primer momento se carece de evidencia empírica, sólo se catalogan rumores. Los historiadores posteriores se mantienen fieles a ese método. Obras Standard de la ortodoxia son las de Eugene Kogon, Der SS Staat (1947), Leon Poliakov, Breviaer Hianne (1951), Raul Hilberg, The Destruction of the European jews (1961). Es casi enternecedor leer el prologo de Kogon que el libro fue escrito por encargo de la división Intelligence Team/Psychological Warfare División del ejército de ocupación ingles.
El revisionismo se vio obligado a comenzar con la ponderación de estadísticas y con la critica interna de los documentos presentados, siendo el francés Paul Rassinier quien descubriera las incongruencias más importantes en el relato del exterminio por parte del bando vencedor. Es claro que las estadísticas demográficas se desequilibran en tiempos de guerra, con emigraciones y deportaciones, y tanto holocaustistas como revisionistas se remiten a las confesiones de inculpados y declaraciones de presuntos testigos oculares. La “historia oficial” queda representada en Alemania Occidental por el célebre Institut für Zeitgeschichte (IfZ) de Munich.
Una declaración de importancia difícil de exagerar es la que hace nada menos que el colaborador y luego Presidente del IfZ, Martin Broszat, en carta al semanario Die Zeit, publicada en la edición del 19.8.1960. Allí se afirma:
“Ni en Dachau ni en Bergen Belsen, ni en Buchenwald fueron gaseados judíos u otros prisioneros. La cámara de gas de Dachau no fue nunca terminada ni puesta en funcionamiento (...) La aniquilación masiva de judíos mediante gaseamiento comenzó en 1941/42 y se llevó a cabo exclusivamente en los pocos lugares que disponían de dispositivos técnicos, sobre todo en territorio polaco, pero jamás en territorio del antiguo Reich”.
Las consecuencias de esta declaración son terribles. ¿Comprende el lector por qué? De un plumazo quedan invalidadas todas las declaraciones de testigos y confesiones referidas a gaseamientos en los campos de concentración del territorio del Reich. ¿Qué decir de las declaraciones de testigos como el Dr. Franz Blaha, formuladas el 11 de enero de 1946 ante el Tribunal IMT Nuremberg y reproducidas en IMT, tomo V, pag. 198 ? Allí se lee:
“La cámara de gas de Dachau fue concluida en 1944; yo debí presentarme ante el Dr Rascher para examinar a las primeras vÍctimas. De las ocho o nueve personas que se encontraban en la cámara de gas, quedaban vivas aun tres”.
El Dr Rascher, medico del KZ Dachau, fue condenado a muerte en 1946 sobre la base de tales testimonios, que ahora resultan ser reconocidamente falsos. Faurisson argumenta que quien quiera sostener la existencia de cámaras de gas en Auschwitz basado en el testimonio de supuesto “testigos oculares” debe mostrar en qué se diferencian estos testimonios de aquellos referidos a Dachau. La argumentación de Faurisson es impecable: con similares elementos de juicio no pueden derivarse asimetrías.
Si bien la declaración de 1960 fue fatal para la “historia oficial”, hay que colocarse en la posición del profesor Broszat. El se veía obligado a dar ese paso a causa de los trabajos de Rassinier y la circunstancia de que un examen de estos campos de concentración hubiera hecho dudosos los resultados deseados. Por ejemplo, a propósito del KZ Dachau, a pocos kilómetros de Munich, se afirma que el gas procedía de las duchas, leyenda que se hiciera famosa. Pero ocurre que las duchas que fueron consideradas bocas de gas eran las únicas duchas que se encontraban en Dachau: de ser cierta la versión oficial, el KZ Dachau hubiera carecido de duchas reales, favoreciendo las epidemias de tifus que se querían evitar en un campamento de trabajo. Es más aun, las cañerías de agua pueden detectarse aun hoy.
La declaración de Broszat provocó un vuelco de la atención hacia Auschwitz y, a la vez, una intensificación de los estudios revisionistas, al verse corroborados las sospechas de tergiversación. Aunque ninguno de los testigos oculares de cámaras de gas en territorio alemán fue acusado de falso testimonio, el valor de sus declaraciones se redujo a cero y quedó demostrado que el Holocausto necesitaba de mentiras para defenderse. Es en ese clima que los historiadores oficiales subrayan la importancia de las “confesiones” de Rudolf Hoess. Comandante de Auschwitz ejecutado en 1947 (las confesiones habían sido editadas por Broszat en 1958). Y es en ese clima que se celebra el proceso de Frankfurt conocido como Auschwitz Prozess, donde el gobierno de la RFA impide a Paul Rassinier declarar como testigo y la Justicia alemana comete su primer crimen, como después se verá.
Las investigaciones revisionistas se expanden en múltiples direcciones: un examen de los elementos jurídicos obrantes, tal como llevara a cabo el ex-juez Dr. Wilhem Stäglich, culminando con su libro Der Auschwitz Mythos (1979): una concentrada critica interna de las confesiones y declaraciones de testigos, con que iniciara sus trabajos R. Faurisson; un escrutinio de las posibilidades técnicas del Holocausto, como el que presentara el norteamericano Arthur Butz en su The Hoax of the Twentieh Century (1977). De la reunión de esos componentes nace la acribia del revisionismo contemporáneo, que se manifestará estrepitosamente en los juicios de 1985 y 1988 contra Ernst Zündel en Canadá. El Leuchter Report y el dictamen de Germar Rudolf en el juicio contra el Gral. Otto Ernst Remer, las publicaciones de Walter Lüftl, Presidente de la Cámara Federal de Ingenieros de Austria, marcan hitos en la marcha triunfal del revisionismo. Los impresionantes resultados pueden leerse en la obra editada por Ernst Gauss: Grundlagen zur Zeitgeschichte. Ein Handbuch über strittge Fragen des 20. Jahrunderts (Fundamentos de la Historia Contemporánea. Un Manual sobre cuestiones debatidas del siglo XX), Tübingen: Grabert verlag, 1994. Tras dos meses de circulación, el libro fue prohibido y los ejemplares de la editorial incautados. Germar Rudolf está condenado a dos años de prisión efectiva. Estas circunstancias hacen útil un resumen de los resultados revisionistas.

RESULTADOS DEL REVISIONISMO CONTEMPORANEO

Rassinier era un hombre venido de las Humanidades, Rudolf es un químico. El revisionismo histórico pasa de una etapa predominantemente filológica a otra donde se incorporan cada vez más consideraciones técnico-científicas. Recordemos la maniobra de Broszat para apreciar la índole de estos cambios. La jugarreta de ubicar el lugar de los hechos detrás de la Cortina de Hierro agradó a los historiadores y sobre todo a los interesados en el Holocausto: siendo el sitio inaccesible, el peso de la investigación recaía sobre las confesiones de los asesinos y las declaraciones de los testigos, no sobre lo que podríamos llamar el “arma homicida” y los peritajes técnicos.
Las declaraciones arquetipicas se encuentran en el Informe de Gerstein, dado a conocer por Leon Poliakov; en las confesiones de Hoess, editadas, como ya mencionadas, en 1958 por Martin Broszat con el titulo Kommandant in Auschwitz; en los testimonios del medico húngaro judío Niklos Nyiszili, que publicara el mensuario de Jean Paul Sartre Les Temps Modernes en marzo de 1951. Vamos a considerar brevemente cada caso.
El caso de Niklos Nyiszli fue liquidado por Paul Rassinier, hoy sabemos que ese personaje Nyiszli no existió, sino sólo un periodista judeo-frances, Tibère Krémer, que se hizo pasar por el traductor del supuesto medico judío. El informe de Nyiszli abunda en absurdidades. Entre otras, el supuesto testigo ni siquiera sabe cómo se llegaba desde el limite rumano-hungaro hasta Auschwitz y traza un geografía imposible. Esto no impidió a Sartre dar crédito al testimonio.
El caso de Hoess, comandante de Auschwitz hasta 1943, ilustra sobre el modo en que se obtuvieron confesiones en el IMT Nuremberg. Una obra reciente (R. Butler, Legions of Death, London, Arrows Books, 1986, pp 235 ss) describe sin escrúpulos , con el acuerdo del principal torturador (un judío, Bernhard Clarke, a quien se agradece en el prologo) el tratamiento a que fue sometido Hoess por el British Intelligence Service. Eso ya lo había dado a conocer Hoess mismo durante su cautiverio en la zona polaca, sin que los historiadores se dieran por aludidos. Una vez que Hoess escribe sus confesiones para los polacos es ejecutado. Veamos:
“El 11 de marzo (de 1946) a las 23 hrs., fui capturado. Mi ampolla de veneno se había quebrado dos días antes (...) Me maltrató mucho la Security Field Police (...) Mi primer interrogatorio se llevó a cabo bajo “pruebas contundentes” (schlagende Beweise). Lo que está en el protocolo no lo sé aunque lo haya firmado. Es que el alcohol y el látigo eran también demasiado para mí. El látigo era el mío, que por casualidad había ido a parar entre las cosas de mi mujer. Apenas lo había sentido mi caballo, mucho menos los internos. Pero uno de los interrogadores estaba convencido de que yo vapuleaba continuamente a los internos con ese látigo. Luego de unos días me condujeron a Minden, la Central de Interrogatorios en la zona inglesa. Allí recibí del primer fiscal, un mayor, un tratamiento aun peor. Después de tres semanas, sorpresivamente fui rasurado, me cortaron el cabello y me permitieron asearme. Desde mi captura no me habían abierto mis esposas.”
(Kommandant in Auschwitz, con prologo y comentario de Martin Broszat, Stuttgart, Deutsche Verlagsanstalt. 1958. Pp. 145-146.
Las confesiones así obtenidas recibieron las signaturas NO-1210 (en alemán) y PS-3868 (declaración jurada... ¡en ingles!) y se aceptaron en el IMT. Hay allí numerosas absurdidades, incluso un campo de exterminio en un lugar imaginario: “Wotzek en las cercanías de Lublin”. Butz dedica el capitulo IV de su obra al análisis de PS-3868.
Es curioso que las confesiones o memorias durante el cautiverio polaco, escritas en 1946 sólo aparecieran en 1958, sin que aun hoy día esté aclarada la base documental: facsímiles reproducen un escrito en tinta, mientras Hoess asegura que él escribe con lápiz. La edición de Broszat procede sin respetar las normas usuales de publicaciones científicas. Broszat se permite incluso omitir párrafos cuya absurdidad comprometería el documento entero. Rassinier, Stäglich y Faurisson han llevado a cabo una minuciosa crítica interna de ese documento. De nuevo tenemos ahí un collage de elementos auténticos y falsos.
El Comandante Richard Baer (substituyó a Hoess en 1943 en Auschwitz ) sufre un destino singular a raíz del Proceso de Frankfurt, en la democracia de la postguerra. Principal acusado, detenido en 1960, Baer sostiene con firmeza en los interrogatorios previos al proceso que no hubo cámaras de gas en Auschwitz. Por su competencia en la cuestión, Baer era un obstáculo para el éxito del proceso. Pero Baer, hombre saludable y de recia constitución, muere repentinamente en la cárcel el 16.6.63, a la edad de 51 años -antes del juicio-. El Instituto de Medicina Forense de la Universidad de Frankfurt declara en el informe de la autopsia: “ante la situación general no puede exlcuirse el uso de un veneno sin olor ni sabor”. En consecuencia el Fiscal General Fritz Bauer, de origen judío, da orden de incinerar el cádaver. Inmediatamente después de estos hechos edificantes comienza el proceso, aunque formalmente hubiera podido iniciarse desde octubre de 1962.
Tras esta breve referencia a los testimonios de Nyiszli y Hoess, pasemos a Kurt Gerstein, a quien un estafador como Hochhut asignó el papel de héroe en la pieza teatral “El Vicario”. El caso de Gerstein (cuyo principal publicista científico fue Leon Poliakov) es especialmente instructivo, debido a las investigaciones recientes de Henri Roques. Como Roques refiere en su tesis doctoral de 1985 en la Universidad de Nantes, descubrió que existen por lo menos seis versiones de las “Confesiones de Gerstein”, unas manuscritas, otras mecanografiadas, unas en francés, otras en alemán, otras más en inglés. Dos o tres originales son auténticos. Pero el contenido es tan disparatado que uno se pregunta cómo puede haber historiadores exterminacionistas que hayan tomado en serio semejante texto.
Gerstein dice en la pagina 3 de su informe mecanografiado Les hommes nus sont debout aux pieds des autres 700-800 a 25 mètres quarrés,/à 45 m cube!
y para que no quepan dudas lo repite poco después en la misma hoja, de nuevo con signos de admiración:
“Le Diesel/ commence. Jusqu´à ce moment les hommes dans les 4 chambres déjà remplis/ vivent, 4 fois 750 personnes à 4 fois 45 mètre cube !”.
¿Entiendes, Fabio. Lo que estoy diciendo? Parece un chiste. Unas 750 personas en una superficie de 25 metros cuadrados, significa lo mismo que 30 individuos por metro cuadrado (imaginarse treinta personas en una cabina de teléfono). Además, no podían transcurrir más de dos horas y media en esas condiciones sin que las víctimas murieran de asfixia, sin precisar de un Diesel.
Dando pruebas consumadas de deshonestidad intelectual, Leon Poliakov retoca el texto, substituyendo “25 metros cuadrados” por “93 metros cuadrados” y eliminando las dos apariciones de “45 metros cúbicos”. Robert Neuman se decide por disminuir el numero de víctimas, reemplazando “700-800” por “170-180”.
Gerstein arriba el 18.8.1942 a Belzec. Al día siguiente tiene su experiencia o visión. Resumamos algunas de las otras absurdidades de su Informe:
- Un niño de tres o cuatro años, solo, distribuye a una multitud de 5000 deportados cordeles para atar los zapatos.
- En la mayoría de las versiones,Gerstein, habla de una montaña de zapatos de 35-40 m de alto, en otra versión de 25 m. En el primer caso correspondería a la altura de un décimo piso, en el otro a un séptimo. ¿Como se formaban pilas de esa altura? ¿Había también ascensores para depositar los zapatos en la cúspide?
- Gerstein dice observar por una mirilla si aun había víctimas con vida. ¿Cómo lo logra en un recinto de esas dimensiones y con tal aglomeración?
- Los motores Diesel no son adecuados para provocar una intoxicación con monóxido de carbono.
-Gerstein establece 20-25 millones de víctimas judías en los KZ de Belzec y Treblinka, una cantidad superior a la de los judíos europeos.
¿Era Gerstein un esquizofrénico? ¿O quería dejar una indicación para futuros investigadores? ¿O estaba dando un mensaje en clave?
No sabemos eso. Lamentablemente, luego de sus confesiones, Gerstein se “suicida” en la cárcel. Sí sabemos que es más que penosa la hipótesis urdida por Poliakov para explicar las absurdidades: “Gerstein era un hombre sin relación con los números” (Le Monde, 8.3.1979). Habiendo sido Gerstein ingeniero en construcciones (Bauingenieur) la ocurrencia de Poliakov resulta desafortunada.
En la obra de los exterminacionistas Kogon/Langhein/Rückerl: Nationalsozialistische Massentöttungen durch Giftgas [Ejecuciones Masivas Nacionalsocialistas mediante Gas Venenoso], Hamburg, Fischer, 1983, se presenta en pp. 171-174 el Informe Gerstein comprimido y cuidadosamente aligerado de todas las absurdidades que son las que deciden el valor de ese documento.

LOS RESULTADOS DEL PROCESO ZÜNDEL EN 1985

El proceso a Zündel en Canadá trajo la sensación. El experto Nº1 en Holocausto era el Prof. Raul Hilberg, el sobreviviente y testigo Nº1 del Holocausto era Vrba. Ambos aceptaron declarar para la fiscalía. Y por primera vez, un abogado defensor aceptó arrojar el guante a los exterminacionistas y efectuar un interrogatorio crítico.
En el interrogatorio hizo primero su aparición el Prof. Hilberg, el “Papa del Holocausto”. Acosado por Douglas Christie, el abogado de Zündel, fue retrocediendo en toda la línea. Hilberg quedó humillado, debiendo reconocer que no podía dar pruebas de lo que constituía su ocupación profesional como historiador. Hilberg no podía dar pruebas ni de la existencia de un plan de exterminio, de una orden de Hitler, de una instrucción general, de un presupuesto para la gigantesca empresa del genocidio. Hilberg, sumo historiador del Holocausto, tampoco había requerido pericias técnicas sobre las cámaras de gas, sobre los crematorios, ni había leido un informe de autopsia donde al menos se constatara la muerte de un interno por gas tóxico.
En ausencia de pruebas, la atención se centró en los testigos presenciales, en este caso los judíos Arnold Friedman y el Dr. Rudolf Vrba.
Al hacerse más y más minucioso el interrogatorio de Christie, el “testigo presencial” Friedman pierde los nervios (Acta Queen versus Zündel, Toronto, 21.7.1985, pp 445 ss) y finalmente reconoce que él personalmente no ha visto nada sino que lo sabía de oídas y -éstas fueron sus palabras- se lo había oído contar a personas que le parecían dignas de crédito, que si hubiera escuchado al Dr. Christie antes, probablemente hubiera adoptado su punto de vista.
Liquidado Friedman, el peso de la prueba recaía sobre Vrba, al cual no le gustaba nada esta inaudita forma de interrogar a sobrevivientes del Holocausto. El Dr. Vrba había sido la fuente principal del War Refugee Board de 1944 (publicado por el presidente Roosevelt) y después escribió con la colaboración de Alan Bestic la obra I Cannot Forgive (New York, Bantman, 1964). En el prologo había puesto Bestic:
“Indeed I would like to pay tribute to him for the inmense trouble he took over very detail: for the meticulous, almost fanatical respect he reveales for accuracy”.
Y justamente éste es el talón de Aquiles de las mentiras, el problema de detalles concretos. Con el correr del interrogatorio se hacia cada vez más ostensible la cantidad de inexactitudes, errores y mentiras para los cuales Vrba no podía encontrar una explicación satisfactoria. Al fin tuvo la insensata ocurrencia de declarar que en su libro había hecho uso de la licencia poética que asiste a todo autor. Semejante declaración irritó al fiscal Griffiths, que había citado a Vrba como testigo, convencido de su veracidad. Griffiths, ofuscado por las mentiras de Vrba, lo increpa así:
“You told Mr. Christie several times in discussing your book I Cannot Forgive that you used poetical license in writing that book. Have you used poetic license in your testimony?”. (Acta..., p. 1636).
Tres años después, en el segundo proceso a Zündel (1988) la fiscalía renuncia a citar “testigos presenciales”. Y el Prof. Hilberg se negó a presentarse como experto.

ELI WIESEL: “¿NOS VAMOS CON LA SS?

Ciertamente hay muchos “testigos presenciales” que aparecen en los medios, ante periodistas obsecuentes. Como síntesis echemos un vistazo a uno de los más celebres. El judío y Premio Nobel Eli Wiesel es autor de La Nuit (Paris, Les Editions de Minuit, 1958), prologado por François Mauriac. Se trata de un informe autobiográfico de Wiesel sobre su internamiento en el KZ Auschwitz. Pero allí, en la primera edición, ¡Wiesel no menciona las cámaras de gas! La opinión de Wiesel en 1958 era que los alemanes exterminaban a los judíos arrojándoles vivos en el fuego (de ahí la expresión “Holocausto”). Hacia el final del libro (pp. 129-135) se encuentra un episodio llamativo. En enero de 1945, relata Wiesel, los alemanes permitieron a cada interno decidir entre retirarse con ellos o esperar en el KZ la llegada de los rusos. Wiesel cuenta que él y su padre, tras seria reflexión, resolvieron acompañar a la SS en su retirada (los exterminadores) en vez de esperar a los rusos (los liberadores).
Hemos dicho que en 1958 Eli Wiesel no informaba de cámaras de gas, algo que puede comprobarse con la primera edición. Pero hacemos una observación cuyo significado el lector atento comprenderá. Un presupuesto del derecho de información y del trabajo científico es que los diversos ejemplares de un libro contengan texto idéntico y que las traducciones no se aparten en puntos esenciales de la versión original. La obra La Nuit fue traducida al alemán por Curt Meyer-Clason con el titulo Die Nacht zu begraben, Elischa (München, Ullstein, 1962). Pase la dramatización del íitulo, pero por lo menos en catorce lugares, donde el texto francés dice “crematoire” la traducción alemana pone “Gaskammer” (cámara de gas). Saque el lector sus propias conclusiones.

ASPECTOS TECNICOS

En el segundo proceso a Zündel ni Hilberg ni Vrba estaban dispuestos a someterse a un interrogatorio controvertido. Pero la sensación vino del Informe Leuchter. Los detalles técnicos del Holocausto, relegados desde el principio, pasaron así al primer plano. Antes se podía escribir con plena libertad. ¡Qué tiempos aquellos! Por ejemplo Eugene Kogon, en su obra más conocida, escribía bajo el subtítulo de Cámaras de Gas:
“No pocas veces, cuando las cámaras de gas estaban repletas, se arrojaba a niños pequeños por las ventanas. Según la cantidad de gas, la muerte por asfixia duraba de cuatro a cinco minutos.” (Der SS Staat, München, Heyne Verlag. 1977 pp. 185s).
La verdad es que es grandioso cómo podían escribir estos embusteros: ¡una cámara de gas con ventanas! ¡Y un gas cianhidrico que se liberaba casi instantáneamente de las pastillas de Zyklon B para provocar muerte por asfixia! Hoy día, los holocaustistas envidian esos tiempos pasados.
Aclaremos unas nociones básicas, Zyklon B era el nombre comercial de un fumigante muy efectivo contra los piojos (los norteamericanos desinfectaban con DDT), en forma de pastillas o granulados que liberaban gas en contacto con el aire. El Zyklon B sigue existiendo bajo el nombre de Cyanosil, producido por la firma Detia Freyberg Gmbh. En las informaciones para el uso del producto se notifica que sólo con temperaturas por encima de los 20º C se emite un 80-90% del ácido cianhidrico en unas dos horas, mientras que durante los primeros 5-10 minutos se volatiliza un 10% del gas; es decir, la volatilización es lenta.
Leuchter, considerado en USA experto en la construcción de cámaras de gas, visitó Auschwitz con un pequeño equipo de colaboradores, efectuó su peritaje, tomó muestras de las paredes de las cámaras de gas y de los recintos de desinfección... e hizo analizar las muestras en un instituto americano. Sus resultados pueden resumirse así:
1. Falta de puertas y ventanas herméticas. El gas tóxico pudiera escapar y matar a los asesinos; las ventanas podían ser destruidas por las víctimas en cada ejecución.
2. Falta de pintura o revestimiento en las paredes que impida la absorción de cianuro. Las paredes emitirían por largo tiempo ácido prúsico, dificultando el transporte de los cadáveres.
3. La ubicación de los edificios es inadecuada: el lugar mencionado como cámara de gas en las proximidades del Crematorio 1 podría explotar; además, se encuentra muy próximo al Hospital de la SS. Para colmo esa “cámara de gas” está conectada por un sumidero a la canalización del KZ: el ácido prúsico podría penetrar en otros edificios.
4. Siendo los recintos húmedos y estando desprovistos de calefacción se impide la efectividad del Zyklon B, que es absorbido por la humedad.
5. Las puertas, cuando éstas existen, se abren hacia adentro, con lo cual se dificulta aun más el transporte de los cadáveres.
6. El producto Zyklon B no es adecuado para ejecuciones porque despide el ácido prusico muy lentamente.
7. En las paredes de las supuestas cámaras de gas o no se encontraron concentraciones cianhidricas o en cantidades ínfimas (de 0 hasta 7 mg CN por kg) mientras que en las cabinas de desinfección (para la ropa de los internos) se encuentran restos en el orden de los 1050 mg CN por kg. Si se hubieran efectuado realmente las ejecuciones por gas, deberían encontrarse en las supuestas cámaras de gas, restos cianhidricos aun más altos que en las cámaras de desinfección, dada la escasa ventilación y la humedad de las paredes.
En otras palabras: si las cámaras de gas fueran el arma homicida, entonces el arma estaba descargada.
Esta investigación fue confirmada de una manera espectacular por el trabajo del Germar Rudolf, que con minuciosidad encomiable estudió el problema de las combinaciones del ácido cianhidrico (HCN, Blausäure) y el material ferroso de las paredes bajo las condiciones iniciales de un proceso de gasificación. Su argumentación puede resumirse de una manera muy simple:
- Uno: Si hubieran existido cámaras de gas del modo comúnmente aceptado, las paredes deberían presentar aun después de un siglo, mientras exista el material, concentraciones producidas por el contacto con el ácido cianhidrico.
- Dos: en las pruebas tomadas en Auschwitz y analizadas por el Instituto Frisenius no se registran esas concentraciones.
Es curioso que en las cámaras de desinfección de ropa, efectivamente, se observan esos residuos. Son detectables a simple vista, por la formación del intenso “azul de Prusia”. Los resultados de Rudolf no sólo confirman la idea del Informe Leuchter, sino que establece de un modo exacto, por análisis químico, las reacciones y combinaciones que deberían producirse en los muros por la emisión de gas.
Como los exterminacionistas pudieran replegarse en la muerte por el gas de los motores Diesel (recordar el Informe Gerstein) Rudolf solicitó a Friederich Paul Berg la confección de un estudio sobre Treblinka y otros campos de concentración donde se afirma el exterminio por ese método. El resultado es igual de contundente y fatal para los exterminacionistas. Ante todo los testimonios que se aducen -y ellos son la única prueba que se ofrece- coinciden en adjudicar una coloración azul a los cadáveres; la coincidencia se debe al interés por confirmar lo que dice el Informe Gerstein. Pero el CO (monóxido de carbono) provoca en las víctimas una coloración rojo cereza o rosada. Este hecho puede corroborarse en cualquier manual de toxicología y por cualquier medico forense. Envenenamientos de CO son muy conocidos a causa de los accidentes domésticos, con gas de cocina, o en garajes.
Podemos preguntarnos ahora cuánto CO se necesita para matar a un ser humano en media hora, y cuanto CO puede producirse por emanaciones de motores Diesel. Desde 1920 fue creciendo el estudio toxicológico de muertes por monoxido de carbono, de modo que se dispone de resultados firmes. Una concentración de 100 ppm (partes por millón de partes de aire) de CO no presenta problemas, mientras 4000 ppm son mortales en menos de una hora de exposición. La llamada “Regla de Henderson” :
% CO x tiempo de exposicion=constante de efectividad del gas
establece que en cada envenenamiento la concentración está en proporción inversa al tiempo de exposición. En otras palabras, para matar por gas en media hora se necesita el doble de concentración que para matar en una hora. De acuerdo a los experimentos de laboratorio y las pericias forenses, es necesaria una concentración de CO entre 0.4% y 0.8% para provocar la muerte en una media hora.
Por otra parte el motor Diesel trabaja de una manera diversa que el motor de gasolina. Una proporción de aire/combustible igual a 100, por ejemplo, significa que por cada gramo de combustible consumido, 100 gramos de aire son introducidos por el motor. A menor proporción mayor producción de CO. Los motores de gasolina trabajan con un déficit de aire, los Diesel con un superávit. Si un Diesel marcha en vacío, la proporción de aire y combustible es de 200 :1 ; si marcha con carga plena alrededor de 18 :1. Debido a la gran cantidad de aire el combustible es consumido casi en su totalidad, de modo que en comparación con el motor de gasolina se produce muchísimo menos CO, y esa cantidad de gas se ve diluida por el superávit de aire. Elegir un motor Diesel como fuente de CO es simplemente ridículo.
No es sensato arreglar un motor Diesel para que produzca 0.4% CO cuando cualquier motor de gasolina produce 7%. Tampoco es sencillo lograr que un motor Diesel se acerque a la marca de 0.4% de CO y para eso, entre otras medidas, hay que someterlo a carga completa. En ese caso habría espectaculares efectos colaterales: humo espeso, mal olor, y un estrépito muy superior a los gritos de las víctimas. Ninguno de los testimonios de “testigos presenciales” menciona ni la humareda, ni el olor, ni el ruido. Notable, notable.
El exterminio se ha producido mediante un motor Diesel metafísico. Y el gas del Holocausto no deja huellas.

LA PRUEBA MEDIANTE FOTOS METAFISICAS

A lo mejor Usted oyó que hay pruebas fotográficas del Holocausto. Es verdad. Y la calidad de esas pruebas concuerda con la calidad de los documentos de los que ya hablamos. Para los exterminacionistas no hay montaje ni retoque suficientemente burdo como para desdeñarlo.

Ilustración 4 :
Supuesta incineración al aire libre de víctimas gaseadas en Auschwitz
Ilustración 5
Reproducimos acá una fotografía celebre, publicada miles de veces, que se exhibe aun hoy en el Museo de Auschwitz y que aparece como gran prueba en la bibliografía pertinente. Se trataría de una hoguera para incinerar al aire libre a los muertos en la cámara de gas del Crematorio V de Auschwitz-Birkenau.

Desde luego, la gente suele mirar sin concentración, viendo sólo aquello que se le sugiere debería ver.
¿Y qué se debería ver aquí? En el reciente libro del exterminacionista Till Bastian Auschwitz und die “Auschwitz-Lüge” (München, Beck Verlag, 1995), destinado a refutar a los revisionistas, se reproduce en la pag. 48 la foto de la Ilustración 5 con la leyenda: “Una foto tomada en secreto por un interno, que muestra un comando especial (Sonderkommando) quemando cadáveres en la fosa cercana al Crematorio V de Birkenau”. Ajá. Sobre esta foto podrían hacerse varias observaciones criticas, pero vamos a limitarnos a una sola.
Un vistazo a la ampliación (Ilustración 5) basta para advertir el retoque con cuerpos de anatomía salida de una ficción de Lovecraft. Obsérvese además el largo de los brazos de la figura que se movería pisando los cadáveres.
La obra de Till Bastian, que debería ser una respuesta a Remer, ofrece casi siempre un método refutatorio impresionante: simplemente hace caso omiso de los argumentos rivales y repite las fotos consabidas, que Remer ya denunciara como falsificación.
Los exterminacionistas dispusieron de tiempo suficiente como para presentar la documentación gráfica. Dado que la técnica de diseño gráfico por computación permite fingir fotos de modo perfecto, el problema de las pruebas gráficas debe limitarse a aquellas que hayan aparecido hasta mediados de los años ochenta. Los revisionistas pueden añadir una victoria más a su campaña mediante la evaluación esterométrica de las fotos aliadas sobre los KZ. John Clive Ball ha resumido sus resultados en “Luftbild Beweise [Pruebas mediante Fotos Aéreas] en la obra ya citada de Gauss, pags. 235-248. Por algún motivo, los rusos no han dado a conocer hasta la fecha ninguna de sus fotos de esclarecimiento.

EPILOGO

Esta larga exposición, glosa heterodoxa a la Teología del Nuevo Orden Mundial, quiere invitar al lector a que escuche las dos campanas: audiatur et altera pars. Esta actitud se califica de antisemita, yo nos imaginamos por qué. Habíamos hablado al principio de un dilema herético, ponderando qué consecuencias se seguirían si el relato del Holocausto fuera falso. Acaso recordamos lo que escribió Nietzsche en 1881 con clarividente lucidez:
“Entre los espectáculos a que nos invita el próximo siglo se cuenta la decisión sobre el destino de los judíos europeos. Que ellos ya han arrojado los dados, que ya han cruzado su Rubicon, es algo ahora tangible. A los judíos sólo les queda, o bien volverse los amos de Europa, o perder Europa, como perdieron Egipto, donde estaban colocados frente a un dilema semejante.” (Morgenröte 205)
Iniciamos este trabajo con una cita de George Orwell: “Who controls the past, controls the future: who controls the present, controls the past”. ¿Quien controla el pasado? En su visita a Alemania el 20.1.1996 el presidente de Israel, Weizman, se permitió un discurso en el Parlamento insultando a los alemanes, pero felicitando a los legisladores por su lealtad, al perseguir a los historiadores revisionistas, confiscar y destruir sus publicaciones.
Usted, que ha sido a través de estas paginas nuestro cómplice, piense a partir de aquí como quiera.

CONTINUAR LEYENDO

sábado, 18 de julio de 2009

ANTIJUDAÍSMO PARA PRINCIPIANTES I


Podría llenar cientos de entradas en este blog y nunca acabaría de decir el por qué soy 'partidario' de la inquina hacia los judíos; específicamente los de posturas radicalizadas (Zionistas principalmente, Ortodoxos en menor escala).

Aclaro que no tengo nada en contra de los judíos por motivos meramente "raciales"; hay personajes judíos que han dado aportes valiosos a la humanidad y a los cuáles admiro; hombres como Felix Mendelssohn, Gustav Mahler, Baruch Spinoza, Franz Kafka o Ludwig Wittgenstein; extrañamente la mayoría de estos personajes se distanciaron de la idiosincrasia judía en distintas formas...

Estas entradas serán un intento de dar un panorama actual y general de la añeja "cuestión judía", y de alguna forma, reivindicar una conducta tan socialmente 'repudiada' como el llamado "antisemitismo".

---------------------------------------------------------------------------------------

Desde tiempos antiguos, dónde quiera que se asentaba el judío se desarrollaba el ANTIJUDAÍSMO (decir antisemitismo es un clarísimo error etimológico). Así sucedió en Egipto, Persia, Babilonia, Roma, Europa medieval, etc, etc, etc. ¿Será casualidad que todos terminaban por expulsarlos o por dictar leyes 'injustas' contra ellos? ¿No será acaso que ellos eran los responsables? Aun hoy muchos hombres se levantan contra ellos alrededor del mundo. Son antijudíos la mayor parte de los árabes (y eso que también son semitas, es decir, son “primos” de los judíos), grupos negros de USA, gran parte de los hindú; hasta una encuesta reciente reveló que la mayoría de los japoneses tienen "prejuicios antijudíos". ¿Todos se equivocan en todas las épocas y en todos los lugares?...

Muchos han creído que el antijudaismo ha inventado "castillos en el aire" en torno al tema de la judería sionista y de las razones para etiquetarlos como enemigos de la humanidad en su totalidad. Esto es lógico, pues no todo el mundo está enterado de las razones para identificar al Sionismo como un enemigo feroz capaz de levantar una conspiración a escala mundial contra el resto de los hombres, lo que a veces suena fantástico, y eso es comprensible. Con ello no es difícil dar crédito a las "autoridades intelectuales y científicas" que se refieren al “antisemitismo” (clarísimo error etimológico) como una reacción patológica, de delirio de persecución, paranoia, complejo de superioridad u otro mal psico-social. Se habla incluso del "antisemitismo" como enfermedad social más allá del mero prejuicio, cuyos "síntomas" se expresarían en el odio a los judíos y la búsqueda constante de argumentos que pudieran excusar esta conducta, como muchas veces se le ve hacer a los individuos misóginos para justificar su odio a las mujeres, o a los aracnófobos para racionalizar su temor a las arañas.

A pesar de los fundamentos que se han expuesto en torno a este asunto, siempre quedará, inevitablemente, el temor de que en dichos argumentos funcionen suertes de casualidad, falta de objetividad, exageración de los datos o relativismos que llevaría a generalizar un juicio errado sobre los judíos. Esto es lo que reclaman algunos apologistas del judaísmo, como Simon Wiesenthal y otros autores. Esto iría también en contra del argumento que presentan los defensores del judaísmo, en cuanto a que los nazis habrían engendrado el odio injustificado a los judíos en el mundo, la semilla de esa enfermedad llamada "antisemitismo". Así como el alcoholismo no existía antes de que se inventara el vino, el antisemitismo no tendría lugar antes de la aparición del Nazismo... Buen punto, sin duda, salvo porque personajes como el propio Wiesenthal han reconocido que esta "enfermedad" de el antisemitismo existe a lo largo de toda la historia de la humanidad y no es creación de las últimas décadas:

"A medida que me ocupaba de los distintos modos de comportamiento frente a los judíos -causados por el antisemitismo- y las medidas tomadas en siglos pasados, más claro me resulta que Hitler y el nacionalsocialismo no habrían descubierto nada nuevo. El odio y la aversión contra los judíos, arrastrado de siglos, se reavivó infinidad de veces en el curso de la historia y condujo a persecuciones. Sin embargo, Hitler tenía algo que lo aventajaba a los otros aborrecedores de los judíos: la posibilidad de realizar sus sueños y deseos..." ("Segel der Hoffnung", Simon Wiesenthal, 1992).

La pregunta lógica que nos viene a la cabeza es: ¿Por qué? ¿Por qué el odio a los judíos es milenario?
Sería materialmente imposible (debido a la enorme cantidad) el poder ejemplificar con nombres, citas y comentarios acerca del conflicto que ha existido con los judíos a través de toda la Historia.
Con esta exposición sólo busco dejar en claro que EL ANTIJUDAÍSMO ES SOLO UNA RESPUESTA AL GRITO DE GUERRA LANZADO POR EL JUDAÍSMO CONTRA LOS NO JUDÍOS.

Parecerá que todo lo que he escrito hasta este punto son simples elucubraciones sin bases reales; por eso he aquí una ‘pequeña reseña’de solo algunas de las muchas “proezas” que el judaísmo (Zionistas sobre todo) ha realizado a lo largo de la Historia; el escrito se centra específicamente en la cultura “occidental” y en la llamada época o era "moderna" (aunque prácticamente todas las culturas han recibido el azote judío en diversas épocas):

1. El capitalismo, instrumento de la explotación del hombre y causa del origen del comunismo, se basa en las teorías de los economistas judíos David Ricardo, Adam Smith y, mas recientemente, Milton Friedman y Ludwig Von Mises, entre otros.

2. El marxismo, fase última y superior del capitalismo liberal y culminación del proceso de destrucción definitiva de nuestra civilización, fue creado por el judío Isidor Mordechai, ‘alias’ Karl Marx, y sustentado por los tambien ‘hebreos’ Frederick Engels y Feist Lasalle e impuesto en forma sangrienta en Rusia por los judíos Ulianoff Zederbaum alias Vladimir Ulianovich “Lenin”, Leon Bronstein, alias Trotszky, Rosenfield, alias Kameneff, Silberstein, alias Bogdonoff, Sobelson, alias Radek , Finkelstein, alias Litvinoff (1°er presidente de la ‘Liga de Naciones’) ,etc, etc. De 554 cargos directivos los judíos controlaban 447. El dominio judio continuo –pese a supuestas desavenencias– de modo ininterrumpido en la URSS.

3. La subversión bolchevique en Rusia fue financiada —como se ha probado incuestionablemente— por la banca judía: Jacobo Schiff Warburg, Kuhn-Loeb & Cía.,Otto Khan, Jerónimo Hanaver, Max Breitung, Jivotovsky (yerno del “obrero” judío Trotzky), etc.

4. Esto se explica si recordamos que un íntimo amigo del “proletario” Marx, fue su compañero de logia masónica, el multimillonario judío Max Rothschild. Ha sido el “ORO” del capitalismo judío y no el proletariado quien logró que 69 años después del Manifiesto Comunista, el marxismo estuviera en el poder en uno de los estados mas poderosos de la tierra y que en 1945, a menos de 100 años del mismo, media humanidad gimiera bajo su yugo. Esta famosa “emancipación” dejó, a su caída, más de cien millones de muertos.

5. El bolchevismo fue impulsado en China por el judío Grüsemberg, alias “Borodín”, y se apoderó del Estado gracias a los “buenos oficios” de los judíos Harry Salomón Truman (Presidente de los EUA), Alger Kiss, Frank Coe, Victor Perlo, David Weintrub, Harry Hopkins, a la mayoría de los cuáles se le comprobó ser agentes ‘rojos’.


6. Simultáneamente con la subversión bolchevique rusa de 1917, se produjeron levantamientos en diversas naciones, en los cuáles los judíos desempeñaron un rol protagónico, por ejemplo, como en Alemania con Kart Liebknecht y Rosa Luxemburgo, en Hungría con el sádico Bela Khun, etc.

7. El principal entregador de Rusia al comunismo fue el judío Alexandr Feódorovich Kerensky.


8. La victoria comunista en Cuba de (¿judío sefaradíe “marrano”?) Fidel Castro Ruz sólo pudo ser posible gracias a la ayuda de la judería “norteamericana”; esto fue cínicamente reconocido por el senador yankee judío Jacob Javits: “Nosotros financiamos a Fidel Castro”.

9. La “revolución socialista” en Chile fue apoyada y financiada por la comunidad judí; dicha "revolución" tuvo como jefe al masón grado ‘33’ Salvador Allende Gozen, quien , tal como le sucederia a Stalin y otros títeres de judea, terminó volviendose contra ellos.

10. El mundo fue empujado a las dos guerras mundiales por las camarillas judeo-masónicas, a cuyo cargo incluso estuvo el asesinato de Francisco José en Sarajevo, desencadenando la primera. La camarilla belicista franco-anglo-norteamericana fue conducida en el último conflicto por el judío-masón Franklin Delano Roosvelt, cuya esposa judía se confesaba abiertamente trotzskysta.

11. Fue también el judío Roosvelt, quien junto con el masón y lacayo del judaísmo internacional (además de alcohólico) , el tristemente célebre Winston Churchill y el criminal judío-georgiano Joseph Stalin, quién después de asesinar despiadadamente a las indefensas poblaciones de civiles ya vencidos (como en Dresden donde las bombas incendiarias de los “libertadores” masacraron a mas de 600’000 mujeres, ancianos y niños) entregaron en Yalta y Postdam medio planeta al comunismo, como fue cínicamente reconocido por uno de sus socios, el General De Gaulle, el campeón de la deslealtad. ¿Cómo se explica que sólo los bolcheviques cosecharon una victoria que no fue suya, sino de la banca judía norteamericana?

12. Las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki –sin necesidad militar alguna- fueron arrojadas por orden del judío Harry Solomon Truman.

13. La entrega de Indochina, y más recientemente Vietnam, Camboya, etc, a la peste roja fue en gran parte cínicamente realizada por el judío Henry Kissinger. Este célebre “diplomático” fue también un gran inspirador de la política procomunista de la Alemania “Socialdemócrata”, asi cómo un gran apologista de la “alta finanza” liderada por el traidor a su patria Willie Brandt (quien se hizo ciudadano noruego atacando desde el extranjero a su país en guerra). Este célebre “premio Nobel de la paz” fue también amigo íntimo del espía soviético Guillaume.

14. Desde el presidente Wilson, francmasón de alto grado, el consejero oficial (¿o tal vez el mandamás?) de los presidentes norteamericanos hasta su muerte, durante el gobierno de Kennedy, fue el hebreo Bernard Baruch. Su sucesor, a partir de Kennedy (asesinado por el judío Lee H. Oswald, muerto a su vez por el judío Jack Ruby), fue el ex-secretario de Estado, el ya mencionado judío “alemán” Henry Kissinger.

15. La Francmasonería es una institución al servicio de la subversión comunista y de la explotación de los pueblos por oligarquías financieras. Tanto su origen, como su ritual y sus dirigentes principales son mayoritariamente (por no decir todos) judíos.

16. La rebelión juvenil comunista “estudiantil” en Francia fue dirigida por judíos, uno de los más célebres fue Cohn-Bendit.

17. El gran innovador de la Tcheka (policía secreta soviética) fue el sanguinario asesino judío Yehuda, alias Genrikh Yagoda.

18. Los judíos Julius y Ethel Rosenberg entregaron los secretos de la bomba atómica a la Unión Soviética.

19. El “psicoanálisis”, esa pseudociencia de la destrucción de la personalidad psíquica del ser humano, fue ideado por el judío Sigmund Freíd y extendido en todo el mundo por sus pares raciales.

20. El arte degenerado se debe en gran medida al sentido “artístico” hebreo, un destacado ejemplo es el sefaradíe Pablo Picasso.

21. Entre los demoledores de la filosofía occidental y envenenadores de las juventudes ocupan un lugar destacado los judíos Herbert Marcusse…

22. El principal precursor del “progresismo” cristiano, es decir, de la mayor descomposición de la Iglesia Católica y su ocupación por las fuerzas judeo-masónicas bolcheviques (algunas consecuencias son los curas y los teólogos rojos de la guerrilla internacional), ha sido el judío “converso” Jacques Maritain.

23. El espiritismo, esoterismo aberrante y absurdo pero dotado de un extraordinario poder de demolición moral y sometimiento sobre las masas, ha sido hondamente cultivado por el pueblo judío, pueblo supersticioso por excelencia. Un gran exponente de esto ha sido Alan Kardec.

24. La mayor parte de los cabecillas de la mafia eran y son judíos. (al respecto consúltese “life”, años 1950-1951 y sig.)

25. Las más grandes estafas de los ultimos dos siglos han sido realizadas por judíos (Stavisky en Francia, Barmat en Alemania,el "entrañable" Bernard Madoff en Wall Street, etc, etc…)

26. El incalificable despojo de los territorios árabes fue realizado en forma cínica y brutal por el judaísmo mundial, ante la condena unánime de los pueblos, incluso de la propia UN, fundada por ellos.

27. Las agencias noticiosas que controlan la información mundial (Fran Press, Reuter, Havas, etc, etc.) estan en manos judías, así como la mayor parte de la prensa del mundo.

28. La “Meca” (¿la gran sinagoga?) del llamado séptimo arte, ‘Hollywood’ esta en un 95% en manos judías, hablamos de las grandes compañías como “Metro Goldwin Meyer”, “Fox”, “Warner Bros”, y los “talentosos” directores como Steven Spielberg et al.

Ahora mi pregunta es: ¿como poner fin al listado?; dista mucho de ser medianamente completo... Saludos.

CONTINUARÁ...

CONTINUAR LEYENDO

miércoles, 11 de febrero de 2009

"Exterminad a todas las bestias”: Gaza 2009 por Noam Chomsky




"Exterminad a todas las bestias”: Gaza 2009

Por Noam Chomsky. (intelectual estadounidense de origen judío)

El sábado 27 de diciembre, EE.UU. e Israel lanzaron su mayor ataque contra indefensos palestinos. El ataque había sido meticulosamente planificado, durante más de 6 meses según la prensa israelí. La planificación tuvo dos componentes: militares y propagandísticos. Se basó en las lecciones de la invasión del Líbano por Israel en 2006 que fue considerada como mal planificada y mal publicitada. Podemos, por lo tanto, estar bastante seguros que de que lo que se hizo y dijo fue pre-planificado e intencional.

Eso seguramente incluye la oportunidad del ataque: poco antes de mediodía, cuando los niños volvían de las escuelas y la gente se acumulaba en las calles de la densamente poblada Ciudad de Gaza. Sólo costó unos pocos minutos para matar a más de 225 personas y herir a 700, un comienzo auspicioso para la matanza masiva de civiles indefensos atrapados en una pequeña jaula sin tener a dónde huir.

En su retrospectiva “Desglose de los logros de la Guerra de Gaza,” el corresponsal del New York Times, Ethan Bronner citó lo siguiente como uno de sus logros más significativos. Israel calculó que sería ventajoso si parecía “volverse loco,” causando un terror vastamente desproporcionado, una doctrina que se remonta a los años cincuenta. “Los palestinos en Gaza captaron el mensaje el primer día,” escribió Bronner, “cuando los aviones de guerra israelíes atacaron simultáneamente numerosos objetivos en medio de un sábado por la mañana. Unos 200 fueron muertos instantáneamente, horrorizando a Hamás y por cierto a toda Gaza.” La táctica de “volverse loco” parece haber sido exitosa. Bronner concluyó que: existen “limitadas indicaciones de que la gente de Gaza sintió un tal dolor por esta guerra que tratará de controlar a Hamás,” el gobierno elegido. Es otra antigua doctrina de terror estatal. No recuerdo, a propósito, la retrospectiva del Times “Desglose de los logros de la Guerra de Chechenia,” aunque los logros fueron grandes.

La meticulosa planificación también incluyó presumiblemente la terminación del ataque, programado cuidadosamente para que tuviera lugar justo antes de la investidura, para minimizar la (remota) amenaza de que Obama tuviera algo crítico que decir sobre esos depravados crímenes apoyados por EE.UU.

Dos semanas después del comienzo del ataque durante el Sabbat, cuando gran parte de Gaza había sido convertida en escombros y la cantidad de víctimas mortales se acercaba a las 1.000, la agencia de la ONU UNRWA, de la que depende la mayoría de los gazanos para sobrevivir, anunció que los militares israelíes rehusaban permitir cargamentos de ayuda para Gaza, diciendo que los cruces estaban cerrados por ser Sabbat. Para honorar el día sagrado, había que negar alimentos y medicinas a los palestinos al límite de la supervivencia, pero cientos pueden ser masacrados ese mismo día por bombarderos jet y helicópteros estadounidenses.

Esta doble manera de observar rigurosamente el Sabbat atrajo poca, si alguna, atención. Tiene sentido. En los anales de la criminalidad estadounidense-israelí, una tal crueldad y cinismo apenas merecen más que una nota al pie. Son demasiado familiares. Para citar un paralelo relevante: en junio de 1982, la invasión israelí del Líbano respaldada por EE.UU. comenzó con el bombardeo de los campos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila, que después de hicieron famosos como el lugar de terribles masacres supervisadas por el ejército israelí (Fuerzas de ‘Defensa’ Israelíes–ejército israelí). El bombardeo alcanzó el hospital local –el hospital Gaza [en Sabra, N. del T.]– y mató a más de 200 personas, según el informe de un testigo presencial, un especialista académico estadounidense en Oriente Próximo. La matanza fue el acto inicial de una invasión que mató entre 15.000 y 20.000 personas y destruyó gran parte del sur del Líbano y Beirut, que procedió con un crucial apoyo militar y diplomático de EE.UU. Este incluyó vetos de resoluciones del Consejo de Seguridad que trataron de detener la criminal agresión que fue emprendida, como apenas fue ocultado, para defender a Israel de la amenaza de una solución política pacífica, contrariamente a muchas patrañas convenientes sobre el sufrimiento de los israelíes bajo intensos disparos de cohetes, una fantasía de apólogos.

Todo esto es normal, y discutido de modo bastante abierto por altos responsables israelíes. Hace treinta años el Jefe de Estado Mayor, Mordechai Gur, observó que desde 1948 “hemos estado luchando contra una población que vive en aldeas y ciudades. Como resumiera sus observaciones el más destacado analista militar de Israel, Zeev Schiff: “el ejército israelí siempre ha atacado a poblaciones civiles, intencional y conscientemente… el ejército, dijo, nunca ha distinguido objetivos civiles [de militares]… [pero] atacó a propósito objetivos civiles.” Los motivos fueron explicados por el distinguido estadista Abba Eban: “existía una perspectiva racional, que fue cumplida en última instancia, que afectaba a poblaciones que ejercerían presión por el cese de hostilidades.” El efecto, como bien lo entendía Eban, sería permitir que Israel implementara, sin ser molestado, sus programas de expansión ilegal y dura represión. Eban estaba comentando sobre un estudio de ataques del gobierno laborista contra civiles por el primer ministro Begin, presentando un cuadro, dijo Eban, “de un Israel que inflige desenfrenadamente toda medida posible de muerte y angustia a poblaciones civiles en un estado de ánimo reminiscente de regímenes que ni el señor Begin ni yo nos atreveríamos a mencionar por su nombre.” Eban no disputó los hechos estudiados por Begin, pero lo criticó por declararlos en público. Tampoco preocupó a Eban, o a sus admiradores, que su propugnación de un masivo terror estatal también sea reminiscente de regímenes que no se atrevía a mencionar por su nombre.

La justificación del terror estatal por Eban es considerada por lo persuasiva por autoridades respetadas. Mientras continuaba el actual ataque de EE.UU. e Israel, el columnista del Times, Thomas Friedman, explicó que las tácticas de Israel tanto en el actual ataque y en su invasión del Líbano en 2006 se basan en el sano principio de “tratar de ‘educar’ a Hamás, infligiendo un fuerte número de víctimas mortales a militantes de Hamás y un fuerte dolor a la población de Gaza.” Eso tiene sentido sobre una base pragmática, como lo tuvo en el Líbano, donde “la única fuente de disuasión a largo plazo fue infligir suficiente dolor a los civiles – a las familias y empleadores de los militantes – para contener a Hezbolá en el futuro.” Y por una lógica similar, el esfuerzo de bin Laden por “educar” a los estadounidenses el 11-S fue altamente digno de elogio, como los bombardeos a Dresde, la destrucción de Grozny por Putin, y otros notables intentos de “educación.”

Israel se ha esforzado por dejar en claro su dedicación a esos principios guía. El corresponsal del New York Times, Stephen Erlanger, informa que los grupos de derechos humanos israelíes están “inquietos por los ataques israelíes contra edificios que creen que debieran ser clasificados como civiles, como el parlamento, estaciones de policía y el palacio presidencial” – y, podríamos agregar, aldeas, casas, campos de refugiados densamente poblados, sistemas de agua y alcantarillado, hospitales, escuelas y universidades, mezquitas, instalaciones de ayuda de la ONU, ambulancias, y por cierto todo lo que pudiera aliviar el dolor de las indignas víctimas. Un alto oficial de inteligencia israelí explicó que el ejército israelí atacaron “ambos aspectos de Hamás – su ala de resistencia o militar y su dawa, o ala social,” este último un eufemismo para la sociedad civil. “Argumentó que Hamás era todo de una pieza,” continúa Erlanger, “y en una guerra sus instrumentos de control político y social son un objetivo tan legítimo como sus escondites de cohetes.” Erlanger y sus editores no agregan ningún comentario sobre la propugnación abierta, y práctica, del terrorismo masivo contra civiles, aunque corresponsales y columnistas señalizan su tolerancia o incluso propugnación explícita de crímenes de guerra, como señalado. Pero ajustándose a la norma, Erlanger no deja de subrayar que los ataques con cohetes de Hamás son “una obvia violación del principio de discriminación y se ajustan a la definición clásica del terrorismo.”

Como otros familiarizados con la región, el especialista en Oriente Próximo, Fawwaz Gerges, observa que “Lo que funcionarios israelíes y sus aliados estadounidenses no aprecian es que Hamás no es sólo una milicia armada sino un movimiento social con una amplia base popular que está profundamente arraigado en la sociedad.” De ahí que cuando realizan sus planes para destruir el “ala social” de Hamás, estén apuntando a destruir la sociedad Palestina.

Puede que Gerges sea demasiado benévolo. Es muy poco probable que funcionarios israelíes y estadounidenses –o los medios y otros comentaristas– no aprecien esos hechos. Más bien, adoptan implícitamente la perspectiva tradicional de los que monopolizan los medios de violencia: nuestro puño de hierro puede aplastar toda oposición, y si nuestro furioso ataque resulta en numerosas víctimas civiles, todo sea por bien: tal vez los que queden serán adecuadamente educados.

Los oficiales del ejército israelí comprenden claramente que están aplastando a la sociedad civil. Ethan Bronner cita a un coronel israelí que dice que él y sus hombres no están muy “impresionados por los combatientes de Hamás.” “Son aldeanos con rifles,” dijo un artillero en un vehículo blindado para el transporte de tropas. Se parecen a las víctimas de las asesinas operaciones de “puño de hierro” del ejército israelí en el sur del Líbano ocupado en 1985, dirigidas por Shimon Peres, uno de los grandes comandantes terroristas de la era de la “Guerra contra el Terror” de Reagan. Durante esas operaciones comandantes y analistas estratégicos israelíes explicaron que las víctimas eran “aldeanos terroristas,” difíciles de erradicar porque “esos terroristas operan con el apoyo de la mayor parte de la población local.” Un comandante israelí se quejó de que “el terrorista… tiene aquí muchos ojos, porque vive aquí,” mientras el corresponsal militar del Jerusalem Post describió los problemas que enfrentan las fuerzas israelíes en el combate contra el “mercenario terrorista,” “fanáticos, todos los cuales están suficientemente dedicados a sus causas para seguir corriendo el riesgo de ser muertos mientras realizan ataques contra el ejército israelí,” que deben “mantener el orden y la seguridad” en el sur del Líbano ocupado a pesar “del precio que tienen que pagar los habitantes.” El problema ha sido familiar para los estadounidenses en Vietnam del Sur, para los rusos en Afganistán, para los alemanes en Europa ocupada, y para otros agresores que están implementando la doctrina Gur-Eban-Friedman.

Gerges cree que el terror estatal estadounidense-israelí fracasará: Hamás, escribe, “no puede ser eliminado sin masacrar a medio millón de palestinos. Si Israel logra matar a altos dirigentes de Hamás, una nueva generación, más radical que la presente, los reemplazará rápidamente. Hamás es una realidad. No va a desaparecer, y no alzará la bandera blanca no importa cuántas bajas sufra.”

Tal vez, pero siempre hay una tendencia a subestimar la eficacia de la violencia. Es particularmente extraño que una tal creencia sea mantenida en EE.UU. ¿Para qué estamos aquí?

Hamás es descrito regularmente como “Hamás, respaldado por Irán, que está dedicado a la destrucción de Israel.” Será difícil encontrar algo como “Hamás, democráticamente elegido, que hace tiempo que pide una solución de dos Estados de acuerdo con el consenso internacional” –bloqueada desde hace más de 30 años por EE.UU. e Israel, que rechazan de plano y explícitamente el derecho de los palestinos a la autodeterminación. Todo es verdad, pero no es una contribución útil a la línea oficial, por lo tanto es desechable.

Detalles como los mencionados anteriormente, aunque menores, nos enseñan a pesar de todo algo sobre nosotros mismos y nuestros clientes. Así lo hacen otros. Para mencionar otro, cuando comenzó el último ataque de EE.UU. e Israel contra Gaza, un pequeño barco, el Dignity, iba en camino de Chipre a Gaza. Los doctores y activistas de derechos humanos a bordo querían violar el criminal bloqueo de Israel y llevar suministros médicos a la población atrapada. El barco fue interceptado en aguas internacionales por navíos israelíes, que lo embistieron severamente, y casi lo hundieron, aunque logró arrastrarse hasta el Líbano. Israel emitió las mentiras de rutina, refutadas por los periodistas y pasajeros a bordo, incluidos el corresponsal de CNN Karl Penhaul y la ex congresista de EE.UU. y candidata presidencial del Partido Verde, Cynthia McKinney. Es un crimen serio –mucho peor, por ejemplo, que secuestrar barcos frente a la costa de Somalia. Apenas recibió atención en los medios. La aceptación tácita de semejantes crímenes refleja el entendimiento de que Gaza es territorio ocupado, y que Israel tiene derecho a mantener su cerco, incluso autorizado por los guardianes del orden internacional para realizar crímenes en alta mar para implementar sus programas de castigar a la población civil por desobedecer sus órdenes –bajo pretextos a los que volvemos, casi universalmente aceptados pero evidentemente inadmisibles.

La falta de atención de nuevo tiene sentido. Durante décadas, Israel ha estado secuestrando barcos en aguas internacionales entre Chipre y el Líbano, matando o secuestrando pasajeros, llevándolos a veces a prisiones en Israel, con cámaras de tortura en cárceles secretas, para retenerlos como rehenes durante muchos años. Ya que las prácticas son rutinarias, ¿por qué iban a tratar el nuevo crimen con más que un bostezo? Chipre y el Líbano reaccionaron de modo muy diferente, ¿pero qué importancia tienen en el contexto actual?

¿A quién le interesa, por ejemplo, si los editores del Daily Star, del Líbano, generalmente pro-occidental, escriben que “cerca de 1,5 millones de personas en Gaza son sometidas al ministerio asesino de una de las maquinarias militares más avanzadas tecnológicamente, pero moralmente retrógradas del mundo? A menudo se sugiere que los palestinos se han convertido para el mundo árabe en lo que los judíos fueron en la Europa previa a la Segunda Guerra Mundial, y existe una cierta verdad en esa interpretación. Cuán repugnantemente adecuado, por lo tanto, que exactamente como los europeos y norteamericanos miraron para otro lado cuando los nazis perpetraban el Holocausto, los árabes encuentren una manera de no hacer nada mientras los israelíes matan a niños palestinos.” Tal vez el más vergonzoso de los regímenes árabes es la brutal dictadura egipcia, beneficiaria de la mayor ayuda militar de EE.UU., aparte de Israel.

Según la prensa libanesa, Israel, todavía “rapta rutinariamente a civiles libaneses del lado libanés de la Línea Azul [la frontera internacional] el caso más reciente en diciembre de 2008.” Y, claro está, “aviones israelíes violan a diario el espacio aéreo libanés en violación de la Resolución 1701 de la ONU” (el experto libanés Amal Saad-Ghorayeb, Daily Star, 13 de enero). Eso también ha estado ocurriendo desde hace mucho tiempo. Al condenar la invasión del Líbano por Israel en 2006, el destacado analista estratégico israelí, Zeev Maoz, escribió en la prensa israelí que “Israel ha violado el espacio aéreo libanés realizando misiones de reconocimiento aéreo casi cada día desde su retirada del sur del Líbano hace seis años. Es verdad, esos sobrevuelos no causaron víctimas libanesas, pero una violación de una frontera es una violación de una frontera. Aquí también, Israel no tiene una razón moral superior.” Y en general, no existe una base para el “consenso total en Israel de que la guerra contra Hezbolá en el Líbano es una guerra justa y moral,” un consenso “basado en una memoria selectiva y a corto plazo, en una visión del mundo introvertida, y en dobles raseros. No es una guerra justa, el uso de la fuerza es excesivo e indiscriminado, y el objetivo final es la extorsión.”

Como Maoz también recuerda a sus lectores israelíes que los sobrevuelos con retumbos ultrasónicos para aterrorizar a los libaneses constituyen el menor crimen israelí en el Líbano, incluso aparte de sus cinco invasiones desde 1978. “El 28 de julio de 1988, Fuerzas Especiales israelíes raptaron al jeque Obeid, y el 21 de mayo de 1994, Israel raptó a Mustafa Dirani, quien fue responsable por la captura del piloto israelí Ron Arad [mientras éste estaba bombardeando el Líbano en 1986]. Israel los retuvo en prisión junto con otros 20 libaneses, que fueron capturados bajo circunstancias no reveladas, durante largos períodos sin proceso. Fueron retenidos como “cartas de cambio” humanas. Al parecer, el secuestro de israelíes con la intención de intercambiar prisioneros es moral reprensible, y militarmente castigable cuando Hezbolá realiza el secuestro, pero no si Israel hace lo mismo,” y en una escala mucho mayor y durante muchos años.

Las prácticas regulares de Israel son importantes incluso fuera de lo que revelan sobre la criminalidad israelí y el apoyo occidental del que goza. Como indica Maoz, esas prácticas subrayan la redomada hipocresía de la afirmación estándar de que Israel tuvo el derecho de invadir de nuevo el Líbano en 2006 cuando dos soldados fueron capturados en la frontera, la primera acción a través de la frontera de Hezbolá en los seis años desde la retirada de Israel del sur del Líbano, que ocupaba en violación de las órdenes del Consejo de Seguridad de 22 años antes, mientras que Israel violó impunemente casi a diario la frontera durante seis años, y aquí se guarda silencio.

La hipocresía es, de nuevo, rutina. Por lo tanto, Thomas Friedman, cuando explica cómo las especies inferiores tienen que ser “educadas” mediante la violencia terrorista, escribe que la invasión israelí del Líbano en 2006, destruyendo una vez más gran parte del sur del Líbano y de Beirut mientras mataba a otros 1.000 civiles, fue un justo acto de autodefensa, como reacción al crimen de Hezbolá de “lanzar una guerra no provocada a través de la frontera entre Israel y el Líbano reconocida por la ONU, después que Israel se había retirado unilateralmente del Líbano.” Dejando de lado el engaño, por la misma lógica, ataques terroristas contra israelíes que son mucho más destructivos y asesinos que cualesquiera que hayan tenido lugar, serían plenamente justificados como reacción a las prácticas criminales de Israel en el Líbano y en alta mar, que exceden ampliamente el crimen de Hezbolá de capturar a dos soldados en la frontera. El veterano especialista en Oriente Próximo del New York Times seguramente sabe de esos crímenes, por lo menos si lee su propio periódico: por ejemplo, el párrafo 18 de una historia sobre el intercambio de prisioneros en noviembre de 1983 que señala, de pasada, que 37 de los prisioneros árabes “habían sido capturados recientemente por la Armada Israelí mientras trataban de viajar de Chipre a Trípoli,” al norte de Beirut.

Desde luego todas las conclusiones semejantes sobre acciones apropiadas contra los ricos y poderosos se basan en un error fundamental. Una cosa somos nosotros, otra cosa son ellos. Ese principio crucial, profundamente arraigado en la cultura occidental, basta para debilitar hasta la analogía más precisa y el razonamiento más impecable.

Al escribir estas líneas, otro barco va en camino de Chipre a Gaza, “llevando suministros médicos urgentemente necesitados en cajas selladas, controladas por la Aduana en el Aeropuerto Internacional de Larnaca y en el Puerto de Larnaca,” informan los organizadores. Los pasajeros incluyen a miembros del Parlamento Europeo y médicos. Israel ha sido notificado de su propósito humanitario. Con suficiente presión popular, podrían realizar su misión en paz.

Los nuevos crímenes que EE.UU. e Israel han estado cometiendo en Gaza en las últimas semanas no se ajustan fácilmente a cualquier categoría estándar –excepto por lo familiar; sólo he dado algunos ejemplos, y volveré a otros. Literalmente, los crímenes caen bajo la definición oficial de “terrorismo” del gobierno de EE.UU., pero esa designación no captura su enormidad. No pueden ser llamados “agresión” porque son realizados en territorio ocupado, como concede tácitamente EE.UU. En su exhaustiva historia erudita del asentamiento israelí en los territorios ocupados, “Lords of the Land,” [Señores de la Tierra] Idit Zertal y Akiva Eldar señalan que después que Israel retiró sus fuerzas de Gaza en agosto de 2005, el territorio arruinado no fue liberado “ni por un solo día de la sujeción militar de Israel o del precio por la ocupación que los habitantes pagan cada día… Israel dejó tras de sí tierra arrasada, servicios devastados, y gente sin presente ni futuro. Los asentamientos fueron destruidos en una acción innoble de un ocupante incivil que en los hechos sigue controlando el territorio y mata y acosa a sus habitantes mediante su formidable poderío militar” –ejercido con extremo salvajismo, gracias al firme apoyo y participación de EE.UU.

El ataque estadounidense-israelí contra Gaza escaló en enero de 2006, unos pocos meses después de la retirada formal, cuando los palestinos cometieron un crimen verdaderamente atroz: votaron “incorrectamente” en una elección libre. Como otros, los palestinos aprendieron que uno no desobedece impunemente las órdenes del Amo, que sigue parloteando de su “ansia de democracia,” sin evocar el ridículo en las clases educadas, otro logro impresionante.

Ya que los términos “agresión” y “terrorismo” son inadecuados, se necesita alguna expresión nueva para la tortura sádica y cobarde de un pueblo atrapado sin posibilidad alguna de escape, mientras es convertido en polvo por los productos más sofisticados de la tecnología militar de EE.UU. –utilizada en violación del derecho internacional e incluso estadounidense, pero para quienes se han autoproclamado Estados fuera de la ley, es sólo un tecnicismo menor. También es un tecnicismo menor el hecho de que el 31 de diciembre, mientras gazanos aterrorizados buscaban desesperadamente refugio del implacable ataque, Washington haya contratado un barco alemán para transportar de Grecia a Israel un inmenso embarque: 3.000 toneladas, de “munición” no identificada. El nuevo embarque “viene después del contrato de un navío mercante para llevar un envío mucho mayor de armamento en diciembre de EE.UU. a Israel antes de los ataques aéreos en la Franja de Gaza,” informó Reuters. Todo esto es aparte de los más de 21.000 millones de dólares en ayuda militar de EE.UU. suministrada por el gobierno de Bush a Israel, casi en su totalidad subsidios. “La intervención de Israel en la Franja de Gaza ha sido impulsada en gran parte por armas suministradas por EE.UU., pagadas con dineros públicos de EE.UU.,” dijo una información de la New America Foundation, que monitorea el tráfico de armas. El nuevo embarque fue obstaculizado por la decisión del gobierno griego de prohibir el uso de cualquier puerto en Grecia “para el abastecimiento del ejército israelí.”

La reacción de Grecia ante los crímenes israelíes respaldados por EE.UU. es bastante diferente de la cobarde actitud de los dirigentes de la mayor parte de Europa. La distinción revela que Washington puede haber sido bastante realista al considerar a Grecia como parte de Oriente Próximo, no Europa, hasta el derrocamiento de la dictadura fascista respaldada por EE.UU. en 1974. Tal vez Grecia sea demasiado civilizada para ser parte de Europa.

Si hubiera alguien que pensara que la oportunidad de las entregas de armas a Israel es extraña, e indagara más, el Pentágono tiene una respuesta: el embarque arribaría demasiado tarde para escalar el ataque contra Gaza, y el equipo militar, sea lo que sea, debe ser pre-posicionado en Israel para su eventual uso por las fuerzas armadas de EE.UU. Puede que sea exacto. Uno de los numerosos servicios que Israel rinde a su patrón es suministrarle una valiosa base militar en la periferia de los mayores recursos de energía del mundo. Por ello puede servir como una base avanzada para agresión estadounidense –o para utilizar términos técnicos, para “defender el Golfo” y “asegurar estabilidad.”

El inmenso flujo de armas a Israel sirve muchos propósitos subsidiarios. El analista de política de Oriente Próximo, Mouin Rabbani, observa que Israel puede probar armas recientemente desarrolladas contra objetivos indefensos. Es de valor para Israel y para EE.UU. ‘de doble valor, de hecho, porque versiones menos efectivas de esos mismos sistemas de armas son subsiguientemente vendidas a precios enormemente inflados a Estados árabes, que efectivamente subvencionan la industria de armamentos de EE.UU. y las donaciones militares de EE.UU. a Israel.” Esas son las funciones adicionales de Israel en el sistema dominado por EE.UU. en Oriente Próximo, y entre los motivos por los que Israel es favorecido por las autoridades del Estado, junto con una amplia gama de corporaciones de alta tecnología de EE.UU., y por cierto la industria militar y la inteligencia.

Sin contar a Israel, EE.UU. es de lejos el mayor proveedor de armas del mundo. El reciente informe de New America Foundation concluye que “las armas y el entrenamiento militar por EE.UU. jugaron un papel en 20 de las 27 mayores guerras del mundo en 2007,” con ingresos para EE.UU. de 23.000 millones de dólares, que aumentaron a 32.000 millones en 2008. No es de extrañar que entre las numerosas resoluciones de la ONU a las que EE.UU. se opuso en la sesión de la ONU de diciembre de 2008 haya habido una que pedía la regulación del tráfico de armas. En 2006, EE.UU. fue el único que votó contra el tratado, pero en noviembre de 2008 se le sumó un socio: Zimbabue.

Hubo otros votos notables en la sesión de diciembre de la ONU. Una resolución sobre “el derecho del pueblo palestino a la autodeterminación” fue adoptada por 173 contra 5 (EE.UU., Israel, dependencias de las islas del Pacífico). La votación reafirma fuertemente el negacionismo estadounidense-israelí, en aislamiento internacional. Del mismo modo, una resolución sobre “libertad universal de viaje y la importancia vital de la reunificación familiar” fue adoptada con la oposición de EE.UU., Israel, y las dependencias del Pacífico, presumiblemente pensando en los palestinos.

Al votar contra el derecho al desarrollo EE.UU. perdió a Israel pero ganó a Ucrania. Al votar contra el “derecho al alimento”, EE.UU. se quedó solo, un hecho particularmente impresionante en vista de la enorme crisis alimentaria global, que deja chica a la crisis financiera que amenaza las economías occidentales.

Hay buenos motivos por los cuales no se informa regularmente sobre los resultados de las votaciones, y los medios y los intelectuales conformistas los envían a la profundidad del agujero de la memoria. No sería atinado revelar al público lo que dan a entender esos resultados sobre sus representantes elegidos. En el caso actual sería sencillamente poco útil que el público supiera que el negacionismo de EE.UU. e Israel, que obstaculiza la solución pacífica propugnada desde hace tiempo por el mundo, llega a tal extremo que niega a los palestinos hasta el derecho abstracto a la autodeterminación.

Uno de los heroicos voluntarios en Gaza, el doctor noruego Mads Gilbert, describió la escena de horror como una “guerra total contra la población civil de Gaza.” Estimó que la mitad de las víctimas son mujeres y niños. Los hombres también son casi todos civiles, según estándares civilizados. Gilbert informa que apenas ha visto una víctima militar entre los cientos de cuerpos. El ejército israelí está de acuerdo. Hamás “hizo un esfuerzo especial para combatir a distancia –o no hacerlo en absoluto,” informa Ethan Bronner mientras “analiza los logros” del ataque estadounidense-israelí. De modo que la fuerza de Hamás sigue intacta, y fueron sobre todo civiles los que sufrieron: un resultado positivo, según la doctrina mayoritaria.
Esas evaluaciones fueron confirmadas por el jefe humanitario de la ONU, John Holmes, quien informó a los periodistas que es “una presunción justificada” que la mayoría de los civiles muertos fueron mujeres y niños en una crisis humanitaria que empeora día a día mientras continúa la violencia.” Pero debiéramos sentirnos reconfortados por las palabras de la Ministra de Exteriores israelí Tzipi Livni, la principal paloma en la actual campaña electoral, quien aseguró al mundo que no hay “crisis humanitaria” en Gaza, gracias a la benevolencia israelí.

Como otros que se preocupan por seres humanos y su suerte, Gilbert y Holmes abogaron por un cese al fuego. Pero no todavía. “En Naciones Unidas, EE.UU. impidió que el Consejo de Seguridad aprobara una declaración formal el sábado por la noche pidiendo un cese al fuego inmediato,” mencionó como de pasada el New York Times. La razón oficial era que “no había indicación de que Hamás acataría cualquier acuerdo.” En los anales de las justificaciones para deleitarse en la matanza, ésta debe ocupar un lugar entre las más cínicas. Pero, claro, eran Bush y Rice, que pronto serían desplazados por Obama, quien repite compasivamente que “si cayeran misiles donde duermen mis hijas, haría todo por impedirlo.” Se refería a los niños israelíes, no a los muchos cientos que son despedazados en Gaza por armas de EE.UU. Fuera de eso, Obama mantuvo su silencio.

Unos pocos días después, bajo intensa presión internacional, EE.UU. apoyó una resolución del Consejo de Seguridad pidiendo un “cese al fuego durable.” Fue aprobada por 14 a 0, con la abstención de EE.UU. Israel y los halcones estadounidenses se enfurecieron porque EE.UU. no la haya vetado, como de costumbre. La abstención, sin embargo, bastó para dar a Israel si no luz verde, por lo menos amarilla, para escalar la violencia, como lo hizo hasta virtualmente el momento de la toma de posesión, como había sido vaticinado.

Cuando entró en vigor (teóricamente) el cese al fuego el 18 de enero, el Centro Palestino de Derechos Humanos publicó sus cifras para el último día del ataque: 54 palestinos muertos, incluyendo a 43 civiles desarmados, 17 de ellos niños, mientras el ejército israelí seguían bombardeando casas civiles y escuelas de la ONU. La cantidad de víctimas mortales, estimaron, ascendía a 1.184, incluyendo a 844 civiles, 281 de ellos niños. El ejército israelí siguió utilizando bombas incendiarias en toda la Franja de Gaza, y destruyendo casas y tierras agrícolas, obligando a civiles a huir de sus hogares. Unas pocas horas después, Reuters informó de más de 1.300 muertos. El personal del Centro Al Mezan, que también monitorea cuidadosamente víctimas y destrucción, visitó áreas que previamente habían sido inaccesibles por los incesantes bombardeos pesados. Descubrieron docenas de cadáveres de civiles descomponiéndose bajo los escombros de casas destruidas o extraídos por aplanadoras israelíes. Bloques urbanos enteros habían desaparecido.

Las cifras de muertos y heridos son seguramente subestimaciones. Y es poco probable que haya alguna investigación de esas atrocidades. Los crímenes de enemigos oficiales son sometidos a investigaciones rigurosas, pero los nuestros son ignorados sistemáticamente. Es la práctica general, de nuevo, y comprensible, por parte de los amos.

La Resolución del Consejo de Seguridad requería la detención del flujo de armas hacia Gaza. EE.UU. e Israel (Rice-Livni) pronto llegaron a un acuerdo sobre medidas para asegurar ese resultado, concentrándose en armas iraníes. No hay necesidad de detener el contrabando de armas de EE.UU. hacia Israel, porque no hay contrabando: el inmenso flujo de armas es bastante público, incluso cuando no se informa, como en el caso del embarque de armas anunciado mientras tenía lugar la matanza en Gaza.

La Resolución también requería “que se asegurara la reapertura continua de los puntos de cruce sobre la base del Acuerdo de 2005 sobre Movimiento y Acceso entre la Autoridad Palestina e Israel”; ese Acuerdo determinaba que los cruces hacia Gaza serían operados sobre una base continua y que Israel también permitiría el cruce de bienes y personas entre Cisjordania y la Franja de Gaza.

El acuerdo Rice-Livni no dice nada sobre este aspecto de la Resolución del Consejo de Seguridad. EE.UU. e Israel ya habían abandonado efectivamente el Acuerdo de 2005 como parte de su castigo a los palestinos por no haber votado como EE.UU. e Israel lo deseaban en una elección libre en enero de 2006. La conferencia de prensa de Rice después del acuerdo Rice-Livni subrayó los continuos esfuerzos de Washington por subvertir los resultados de la única elección libre en el mundo árabe: “Pueden hacerse muchas cosas,” dijo, “para sacar a Gaza de la penumbra de la hegemonía de Hamás hacia la luz de la excelente administración que puede conllevar la Autoridad Palestina” – por lo menos, conllevarla mientras siga siendo un cliente leal, plagado de corrupción y dispuesto a realizar una dura represión, pero obediente.

Al volver de una visita al mundo árabe, Fawwaz Gerges afirmó enfáticamente lo que han informado otros presentes en el terreno. El efecto de la ofensiva de EE.UU. e Israel en Gaza ha sido enfurecer a las masas y provocar un odio a muerte contra los agresores y sus colaboracionistas. “Baste decir que los Estados árabes así llamados moderados [es decir, los que reciben sus órdenes de Washington] están a la defensiva, y que el frente de la resistencia encabezado por Irán y Siria es el principal beneficiario. Una vez más, Israel y el gobierno de Bush han entregado a la dirigencia iraní una dulce victoria.” Además, “Hamás probablemente emergerá como una fuerza política más poderosa que antes y probablemente superará a Fatah, el aparato gobernante de la Autoridad Palestina del presidente Mahmud Abbas,” favoritos de Rice.

Vale la pena tener en cuenta que el mundo árabe no está tan escrupulosamente protegido de la única cobertura viva regular de televisión de lo que sucede en Gaza, es decir “el análisis tranquilo y equilibrado del caos y la destrucción, suministrado por los extraordinarios corresponsales de al Jazeera, que suministraron “una austera alternativa a los canales terrestres,” como informa el Financial Times de Londres. En los 105 países que carecen de nuestras eficientes modalidades de autocensura, la gente puede ver a cada hora lo que sucede, y se dice que el impacto es muy grande. En EE.UU., informa el New York Times, “el bloqueo informativo casi total… indudablemente está relacionado con la crítica acerba que al- Jazeera recibió del gobierno de EE.UU. durante las etapas iniciales de la guerra en Iraq por su cobertura de la invasión estadounidense. Cheney y Rumsfeld objetaron, de modo que, obviamente, los medios independientes sólo pudieron obedecer.

Hay mucho debate sobrio sobre lo que esperaban lograr los atacantes. Algunos de los objetivos son comúnmente discutidos, entre ellos, restaurar lo que se llama “la capacidad disuasiva” que Israel perdió como resultado de sus fracasos en el Líbano en 2006 – es decir, la capacidad de aterrorizar a cualquier oponente potencial a fin de someterlo. Existen, sin embargo, objetivos más fundamentales que tienden a ser ignorados, aunque también parecen ser bastante obvios si consideramos la historia reciente.

Israel abandonó Gaza en septiembre de 2005. Personas racionales de la línea dura israelí, como Ariel Sharon, santo patrón del movimiento de los colonos, comprendió que no tenía sentido subvencionar a unos pocos colonos israelíes ilegales en las ruinas de Gaza, protegidos por el ejército israelí, mientras utilizaban gran parte de la tierra y de sus escasos recursos. Tenía más sentido convertir Gaza en la mayor prisión del mundo y transferir a los colonos a Cisjordania, un territorio mucho más valioso, en el que Israel es bastante explícito en cuanto a sus intenciones, en palabras y, lo que es más importante, en los hechos.

Un objetivo es anexar la tierra árabe, los suministros de agua, y agradables suburbios de Jerusalén y Tel Aviv que están dentro del muro de separación, irrelevantemente declarado ilegal por la Corte Internacional. Incluye a Jerusalén vastamente expandida, en violación de órdenes del Consejo de Seguridad de hace 40 años, por lo tanto irrelevantes. Israel también se ha estado apoderando del Valle del Jordán, aproximadamente un tercio de Cisjordania. Lo que queda es consiguientemente aprisionado y, además, fragmentado por salientes de asentamientos judíos que trisecan el territorio: una parte al este de Gran Jerusalén por la ciudad de Ma'aleh Adumim, desarrollada durante los años de Clinton para dividir Cisjordania; y dos hacia el norte, por las ciudades de Ariel y Kedumim. Lo que queda para los palestinos es segregado por cientos de puntos de control, arbitrarios en su mayoría.

Los puntos de control no tienen que ver con la seguridad de Israel, y si algunos tienen el propósito de proteger a los colonos, son rotundamente ilegales, como decidiera la Corte Internacional de Justicia. En realidad, su principal objetivo es acosar a la población palestina y fortificar lo que el activista israelí por la paz Jeff Halper llama la “matriz de control”, destinada a hacer que la vida sea insoportable para las “bestias de dos patas” que serán como “cucarachas drogadas que corretean en una botella” si tratan de permanecer en sus casas y tierras.

Todo eso está bien, porque son “como saltamontes comparados con nosotros” de modo que sus cabezas pueden ser “estrelladas contra las peñas y los muros.” La terminología proviene de los máximos dirigentes políticos y militares israelíes, en este caso los reverenciados “príncipes”. Y las actitudes conforman las políticas.

Los desvaríos de los dirigentes políticos y militares son suaves en comparación con las prédicas de las autoridades rabínicas. No son personajes marginales. Al contrario, son muy influyentes en el ejército y en el movimiento de colonos, personas que Zertal y Eldar desvelan como “señores de la tierra”, con enorme impacto en la política. Soldados que combatían en el norte de Gaza recibieron una visita “inspiradora” de dos destacados rabinos, quienes les explicaron que no hay “inocentes” en Gaza, de modo que todos eran objetivos legítimos, citando un famoso pasaje de los Salmos llamando al Señor para que tomara los hijos de los opresores de Israel y los arrojara contra las rocas. Los rabinos no hacían nada nuevo. Un año antes, el ex rabino jefe sefardí escribió al primer ministro Olmert, informando que todos los civiles en Gaza son culpables colectivamente por los ataques con cohetes, de modo que “no existe absolutamente ninguna prohibición moral contra la matanza indiscriminada de civiles durante una masiva ofensiva militar potencial contra Gaza orientada a detener los lanzamientos de cohetes,” según la información del Jerusalem Post sobre su veredicto. Su hijo, rabino jefe de Safed, entró en más detalle: “Si no se detienen después que matemos a 100, tenemos que matar mil, y si no se detienen después de 1.000, debemos matar a 10.000. Y si no se detienen debemos matar a 100.000, incluso a un millón. Todo lo que sea necesario para hacer que se detengan.”

Puntos de vista similares son expresados por destacadas personalidades seculares estadounidenses. Cuando Israel invadió el Líbano en 2006, el profesor de la Escuela de Derecho de Harvard, Alan Dershowitz, explicó en el periódico liberal en línea Huffington Post que todos los libaneses son objetivos legítimos para la violencia israelí. Los ciudadanos del Líbano están “pagando el precio” por su apoyo a “terroristas.” –es decir, por apoyar a la resistencia a la invasión israelí. Según él, los civiles libaneses no son más inmunes a ataques que los austríacos que apoyaron a los nazis. La fatua del rabino sefardí se aplica a ellos. En un vídeo en la página en Internet del Jerusalem Post, Dershowitz pasó a ridiculizar el habla de ratios excesivas de muertes de palestinos a israelíes: habría que aumentarla de 1.000 a uno, dijo, o incluso 1.000 a cero, queriendo decir que las bestias debieran ser completamente exterminadas. Por cierto, se refiere a “terroristas,” una categoría amplia que incluye a las víctimas del poder israelí, ya que “Israel nunca ataca a civiles,” declaró enfáticamente. En consecuencia, palestinos, libaneses, tunecinos, cualquiera que se interponga en el camino de los implacables ejércitos del Estado Sagrado es un terrorista, o una víctima accidental de sus justos crímenes.

No es fácil encontrar contrapartidas históricas para esas actuaciones. Tal vez sea de un cierto interés que sean consideradas enteramente adecuadas en la cultura intelectual y moral imperante –cuando son producidas por “nuestro lado,” es decir: que si provinieran de las bocas de enemigos oficiales, semejantes palabras provocarían indignación justiciera y llamados a una masiva violencia preventiva como venganza.

La afirmación de que “nuestro lado” nunca ataca a civiles es una doctrina familiar entre los que monopolizan los medios de violencia. Y hay algo de verdad en ello. Generalmente no tratamos de matar a civiles en particular. Más bien, realizamos acciones asesinas que sabemos matarán a muchos civiles, pero sin la intención específica de matar a civiles en particular. Según la ley, las prácticas rutinarias pueden caer en la categoría de indiferencia depravada, pero no es una designación adecuada para la práctica estándar y la doctrina imperiales. Es más similar a caminar por una calle a sabiendas de que podemos matar hormigas, pero sin estar interesados en hacerlo, porque ocupan un lugar tan bajo que simplemente no importa. Lo mismo vale cuando Israel realiza acciones que sabe matarán a los “saltamontes” y a “las bestias de dos patas” que por casualidad infestan las tierras que “libera.” No hay una expresión apropiada para esta forma de depravación moral, posiblemente peor que el asesinato deliberado, y demasiado familiar.

En la antigua Palestina, los legítimos dueños (por decreto divino, según los “señores de la tierra”) pueden decidir si otorgan a las cucarachas drogadas unas pocas parcelas dispersas. Pero no por derecho, sin embargo: “Creía, y hasta este día sigo creyendo, en el derecho eterno e histórico de nuestro pueblo a todo este país,” informó el primer ministro Olmert a una sesión conjunta del Congreso en mayo de 2006 y recibió un clamoroso aplauso. Al mismo tiempo anunció su programa de “convergencia” para apoderarse de lo que hay de valioso en Cisjordania, dejando que los palestinos se pudran en cantones aislados. No fue específico sobre las fronteras de “todo el país,” pero por otro lado, el proyecto sionista nunca lo ha sido, por buenos motivos: la expansión permanente es una dinámica interna muy importante. Si Olmert sigue siendo fiel a sus orígenes en el Likud, podrá haber querido decir las dos riberas del Jordán, incluyendo el actual Estado de Jordania, o por lo menos sus partes más valiosas.

El “derecho eterno e histórico a todo este país” de nuestro pueblo, contrasta dramáticamente con la ausencia de cualquier derecho a la autodeterminación de sus habitantes temporales, los palestinos. Como señalara anteriormente, la condición de estos últimos fue reiterada por Israel y su patrón en Washington en diciembre de 2008, en su acostumbrado aislamiento, y acompañada por un silencio resonante.

Los planes que Olmert esbozó en 2006 han sido abandonados desde entonces porque no eran bastante extremos. Pero lo que reemplaza el programa de convergencia, y las acciones que tienen lugar a diario para implementarlo, son aproximadamente las mismas, en su concepto general. Se remontan a los primeros días de la ocupación, cuando el Ministro de Defensa Moshe Dayan explicó poéticamente que “la situación actual se parece a la relación compleja entre un beduino y la muchacha que secuestra contra su voluntad… Vosotros palestinos, como nación, no nos queréis hoy, pero cambiaremos vuestra actitud imponiéndoos nuestra presencia.” “Viviréis como perros, y el que se vaya, se irá,” mientras nosotros nos apoderamos de lo que queremos.
Nunca ha cabido duda de que esos programas sean criminales. Inmediatamente después de la guerra de 1967, el gobierno israelí fue informado por su máxima autoridad legal, Teodor Meron, que “el asentamiento civil en los territorios administrados contraviene las provisiones explícitas de la Cuarta Convención de Ginebra,” el fundamento del derecho humanitario internacional. El Ministro de Justicia de Israel estuvo de acuerdo. La Corte Internacional apoyó unánimemente la conclusión esencial en 2004, y el Tribunal Superior israelí estuvo técnicamente de acuerdo aunque estuvo en desacuerdo en la práctica, en su estilo usual.

En Cisjordania, Israel puede continuar sus programas criminales con apoyo de EE.UU. y sin tener problemas, gracias a su control militar efectivo y, por el momento, a la cooperación de las fuerzas de seguridad palestinas colaboracionistas armadas y entrenadas por EE.UU. y dictaduras aliadas. También puede realizar asesinatos regulares y otros crímenes, mientras los colonos cometen destrozos y abusos bajo la protección del ejército israelí. Pero mientras Cisjordania ha sido efectivamente sometida mediante el terror, sigue habiendo resistencia en la otra mitad de Palestina, la Franja de Gaza. También debe ser aplastada para que el programa de anexión y destrucción de Palestina de EE.UU. e Israel pueda avanzar sin problemas.
De ahí la invasión de Gaza

La oportunidad de la invasión fue presumiblemente influenciada por la próxima elección israelí. Ehud Barak, que iba muy atrás en los sondeos, obtuvo un escaño parlamentario por cada 40 árabes muertos en los primeros días de la matanza, calculó el comentarista israelí Ran HaCohen.

Eso puede cambiar, sin embargo, Como los crímenes llegaron más allá de lo que pudo suprimir la cuidadosamente afinada campaña de propaganda israelí, incluso halcones israelíes confirmados llegaron a preocuparse de que la carnicería esté “destruyendo el alma [de Israel] y su imagen. Destruyéndola en las pantallas de televisión del mundo, en las salas de estar de la comunidad internacional, y lo más importante, en el EE.UU. de Obama” (Ari Shavit). A Shavit le preocupó sobre todo el “bombardeo de una instalación de Naciones Unidas… [por Israel]… “el día en el que el secretario general de la ONU estaba visitando Jerusalén,” un acto que “va más allá de la demencia,” consideró.

Para agregar unos pocos detalles, la “instalación” mencionada fue el complejo de la ONU en Ciudad de Gaza, que contenía el almacén de la UNRWA. El bombardeo destruyó “cientos de toneladas de alimentos y medicinas de emergencia preparadas para la distribución en el día de hoy a refugios, hospitales y centros de alimentación,” según el director de UNRWA, John Ging. Ataques militares destruyeron al mismo tiempo dos pisos del hospital al-Quds, incendiándolo, y también un segundo almacén dirigido por la sociedad de la Media Luna Roja palestina. El hospital en el densamente poblado vecindario Tal-Hawa fue destruido por tanques israelíes “después que cientos de gazanos aterrorizados se habían refugiado en su interior cuando fuerzas terrestres israelíes penetraron en el vecindario,” informó AP.

No quedó nada que salvar dentro de las ruinas al rojo vivo del hospital. “Bombardearon el edificio, el edificio del hospital. Se incendió. Tratamos de evacuar a la gente enferma, y a los heridos y a la gente que estaba allí. Llegaron los bomberos y apagaron el fuego, que volvió a estallar en llamas y lo volvieron a apagar, y se incendió por tercera vez,” dijo el paramédico Ahmad Al-Haz a AP. Se sospechó que el fuego puede haber sido provocado por fósforo blanco, que también fue sospechado en numerosos otros incendios y graves quemaduras.

Las sospechas fueron confirmadas por Amnistía Internacional después que el cese de los intensos bombardeos permitió una investigación. Antes, Israel había sensatamente excluido a todos los periodistas, incluidos los israelíes, mientras cometía sus crímenes con toda su furia. El uso por Israel de fósforo blanco contra civiles en Gaza es “claro e innegable,” informó AI. Su uso repetido en áreas civiles densamente pobladas “es un crimen de guerra.,”… “que hizo peligrar aún más a los residentes y su propiedad,” particularmente niños “atraídos a los detritos de la guerra y a menudo inconscientes del peligro.” Los objetivos primordiales, informaron, fueron el complejo de la UNRWA, donde el “fósforo blanco cayó junto a algunos camiones con combustible y causó un gran fuego que destruyó toneladas de ayuda humanitaria” después que las autoridades israelíes “habían asegurado que no se lanzarían más ataques contra el complejo.” El mismo día “un obús de fósforo blanco cayó en el hospital al-Quds en Ciudad de Gaza causando también un incendio que obligó al personal del hospital a evacuar a los pacientes… El fósforo blanco, al caer sobre la piel, puede quemar profundamente a través de músculos y hasta el hueso, y sigue quemando a menos que sea privado de oxígeno.” Si son cometidos intencionalmente, o por indiferencia depravada, semejantes crímenes son inevitables si el arma es utilizada en ataques contra civiles.

Sin embargo, es un error concentrarse demasiado en las brutales violaciones de Israel de jus in bello, las leyes hechas para prohibir prácticas demasiado salvajes. La invasión misma es un crimen mucho más serio. Y si Israel hubiera infligido ese horrendo daño con arcos y flechas, seguiría siendo un acto criminal de extrema depravación.

La agresión siempre tiene un pretexto: en este caso, la paciencia de Israel se había “acabado” ante los ataques de cohetes de Hamás, como dijera Barak. El mantra repetido interminablemente es que Israel tiene derecho a usar la fuerza para defenderse. La tesis es parcialmente defendible. El disparo de los cohetes es criminal, y es verdad que un Estado tiene derecho a defenderse contra ataques criminales. Pero no se puede deducir que tenga derecho a defenderse por la fuerza. Eso va mucho más allá de todo principio que aceptaríamos o deberíamos aceptar. Alemania nazi no tenía derecho a usar la fuerza para defenderse contra el terrorismo de los partisanos. La noche de los vidrios rotos no se justifica por el asesinato por Herschel Grynszpan de un funcionario de la embajada alemana en París. El uso de la fuerza por los británicos para defenderse contra el terror (muy real) de los colonos estadounidenses que buscaban la independencia, no era justificado, ni que aterrorizaran a los católicos irlandeses como reacción ante el terror del ERI –y el terror se acabó cuando finalmente adoptaron una política sensata de encarar los legítimos agravios. No es asunto de “proporcionalidad,” sino de selección de la acción para comenzar: ¿Hay una alternativa para la violencia?

Todo recurso a la fuerza tiene un pesado deber de la prueba, y tenemos que preguntar si puede ser cumplido en el caso del intento de Israel de aplastar toda resistencia en sus acciones criminales diarias en Gaza y en Cisjordania, donde siguen continuando inexorablemente desde hace más de 40 años. Tal vez pueda citarme a mí mismo en una entrevista en la prensa israelí sobre los planes de convergencia anunciados por Olmert para Cisjordania: “EE.UU. e Israel no toleran ninguna resistencia a esos planes, y prefieren pretender –falsamente por cierto– que ‘no existe un socio’, mientras siguen adelante con programas que vienen de largo. Podemos recordar que se reconoce que Gaza y Cisjordania constituyen una unidad, de modo que si la resistencia a los programas de anexión-cantonización de EE.UU. e Israel es legítima en Cisjordania, también lo es en Gaza.”

El periodista palestino-estadounidense Ali Abunimah observó que “no hay cohetes lanzados hacia Israel desde Cisjordania, y sin embargo los asesinatos extrajudiciales de Israel, sus robos de tierras, los pogromos de sus colonos y los secuestros nunca se han detenido ni un solo día durante la tregua. La Autoridad Palestina de Mahmud Abas respaldada por Occidente, ha accedido a todas las demandas de Israel. Bajo el orgulloso ojo de los asesores militares de EE.UU., Abbas ha reunido ‘fuerzas de seguridad’ para combatir la resistencia por cuenta de Israel. Nada de eso ha salvado a un solo palestino en Cisjordania de la implacable colonización de Israel – gracias al firme respaldo de EE.UU. El respetado parlamentario palestino, doctor Mustapha Barghouti agrega que después del gran espectáculo de Bush en Annapolis en noviembre de 2007, con mucha retórica edificante sobre la dedicación a la paz y la justicia, los ataques israelíes contra palestinos escalaron fuertemente, con un aumento de casi un 50% en Cisjordania, junto con un agudo aumento en los asentamientos y en los puntos de control israelíes. Obviamente, esas acciones criminales no son una respuesta a cohetes desde Gaza, aunque lo contrario podría ser el caso, sugiere plausiblemente Barghouti.

Las reacciones a los crímenes de una potencia ocupante pueden ser condenadas como criminales y políticamente estúpidas, pero los que no ofrecen ninguna alternativa no tienen una base moral para emitir semejantes juicios. La conclusión vale con fuerza particular para aquellos en EE.UU. que deciden implicarse directamente en los continuos crímenes de Israel – mediante sus palabras, sus acciones, o su silencio. Tanto más porque existen alternativas no-violentas muy evidentes –que, sin embargo, tienen la desventaja de que impiden los programas de expansión ilegal.

Israel tiene un medio inequívoco para defenderse: poner fin a sus acciones criminales en los territorios ocupados, y aceptar el consenso internacional, existente desde hace mucho tiempo, sobre una solución de dos Estados que ha sido bloqueada por EE.UU. e Israel desde hace más de 30 años, ya que EE.UU. vetó por primera vez una resolución del Consejo de Seguridad pidiendo una solución política sobre esa base en 1976. No entraré una vez más en detalles sobre ese ignominioso historial, pero es importante percatarse de que el negacionismo de EE.UU. e Israel es hoy aún más flagrante que en el pasado. La Liga Árabe ha ido incluso más allá del consenso, pidiendo una plena normalización de las relaciones con Israel. Hamás ha pedido repetidamente una solución de dos Estados en términos del consenso internacional. Irán y Hezbolá han dejado en claro que acatarán todo acuerdo aceptado por los palestinos. Eso deja a EE.UU. e Israel en un espléndido aislamiento, no sólo en palabras.

El historial más detallado es informativo. El Consejo Nacional Palestino aceptó formalmente el consenso internacional en 1988. La reacción del gobierno de coalición de Shamir y Peres, confirmado por el Departamento de Estado de James Baker, fue que no puede haber un “Estado palestino adicional” entre Israel y Jordania –siendo este último ya un Estado palestino por dictado de EE.UU. e Israel. Los acuerdos de Oslo que siguieron dejaron de lado los potenciales derechos nacionales palestinos, y la amenaza de que pudieran ser realizados de alguna manera significativa fue sistemáticamente minada durante los años de Oslo por la continua expansión de asentamientos ilegales por Israel. La política de asentamiento fue acelerada en 2000, el último año del presidente Clinton y del primer ministro Barak, cuando tuvieron lugar negociaciones en Camp David que la tenían como trasfondo.

Después de culpar a Yasir Arafat por la ruptura de las negociaciones de Camp David, Clinton dio marcha atrás, y reconoció que las propuestas de EE.UU. e Israel eran demasiado extremistas como para ser aceptables para algún palestino. En diciembre de 2000, presentó sus “parámetros”, vagos pero más abiertos. Luego anunció que los dos lados habían aceptado los parámetros, mientras ambos expresaron reservas. Las dos partes se reunieron en Taba, Egipto, en enero de 2001 y llegaron muy cerca de un acuerdo, y podrían haberlo hecho en unos pocos días más, dijeron en un comunicado de prensa final. Pero las negociaciones fueron canceladas prematuramente por Ehud Barak. Esa semana en Taba fue la única oportunidad en más de 30 años de negacionismo de EE.UU. e Israel. No hay motivo para que esa oportunidad en el historial no pueda ser reactivada.

La versión preferida, recientemente reiterada por Ethan Bronner, es que “Muchos en el extranjero recuerdan al señor Barak como el primer ministro quien en 2000 fue más lejos que ningún otro dirigente israelí en ofertas de paz a los palestinos, sólo para que el acuerdo fracasara y estallara en un violento levantamiento palestino que lo expulsó del poder.” Es verdad que “muchos en el extranjero” creen ese engañoso cuento de hadas, gracias a lo que Bronner y muchos de sus colegas llaman “periodismo.”

Se afirma comúnmente que una solución de dos Estados es inalcanzable ahora porque si el ejército israelí tratara de sacar a los colonos, llevaría a una guerra civil. Puede que sea verdad, pero se necesita mucha más fundamentación. Sin recurrir a la fuerza para expulsar los colonos ilegales, el ejército israelí simplemente podría retirarse a cualesquiera fronteras que sean establecidas por negociaciones. Los colonos más allá de esas fronteras tendrían la alternativa de abandonar sus casas subvencionadas para volver a Israel, o permanecer bajo autoridad palestina. Lo mismo valió para el “trauma nacional” cuidadosamente escenificado en Gaza en 2005, tan transparentemente fraudulento que fue ridiculizado por los comentaristas israelíes. Hubiera bastado que Israel anunciara que el ejército israelí se iba a retirar, y los colonos que fueron subvencionados para que gozaran de la vida en Gaza se hubieran subido tranquilamente a los camiones que les fueran suministrados y viajado a sus nuevas residencias subvencionadas en Cisjordania. Pero eso no hubiera producido trágicas fotos de niños sufrientes y de llamados apasionados de “nunca más.”

Para resumir, contrariamente a la afirmación reiterada constantemente, Israel no tiene derecho a usar la fuerza para defenderse contra cohetes de Gaza, incluso si son considerados como crímenes terroristas. Además, los motivos son transparentes. El pretexto para lanzar el ataque carece de mérito.

Hay un tema más específico. ¿Tiene Israel alternativas pacíficas a corto plazo al uso de la fuerza como reacción a los cohetes desde Gaza? Una alternativa a corto plazo sería aceptar un cese al fuego. Algunas veces Israel lo ha hecho, aunque lo viola instantáneamente. El caso más reciente y actualmente relevante es junio de 2008. El cese al fuego especificaba la apertura de los cruces fronterizos para “permitir la transferencia de todos los bienes que estaban prohibidos y limitados en su ingreso a Gaza.” Israel aceptó formalmente, pero anunció de inmediato que no acataría el acuerdo ni abriría las fronteras hasta que Hamás liberara a Gilad Shalit, un soldado israelí capturado por Hamás en junio de 2006.
El continuo tamboreo de acusaciones sobre la captura de Shalit es, de nuevo, hipocresía flagrante, incluso dejando de lado la larga historia de secuestros israelíes. En este caso, la hipocresía no podría ser más obvia. Un día antes de que Hamás capturara a Shalit, soldados israelíes entraron a la Ciudad de Gaza y secuestraron a dos civiles

, los hermanos Muammar, llevándolos a Israel para sumarlos a los miles de otros prisioneros que retienen allí, casi 1.000 sin seracusados, según las informaciones. El secuestro de civiles es un crimen mucho más serio que la captura de un soldado de un ejército atacante, pero apenas se informó al respecto en contraste con el furor por Shalit. Y todo lo que queda en la memoria, que bloquea la paz, es la captura de Shalit, otro reflejo de la diferencia entre seres humanos y bestias de dos patas. Hay que devolver a Shalit – en un intercambio justo de prisioneros.

Después de la captura de Shalir los incesantes ataques militares de Israel contra Gaza pasaron de ser simplemente cruentos, a ser verdaderamente sádicos. Pero vale la pena recordar que incluso antes de su captura, Israel había disparado más de 7.700 obuses contra el norte de Gaza después de su retirada en septiembre, sin provocar virtualmente ningún comentario.

Después de rechazar el cese al fuego de junio de 2008 que había formalmente aceptado, Israel mantuvo su cerco. Recordaremos que un sitio es un acto de guerra. En los hechos, Israel ha insistido siempre en un principio aún más fuerte: la obstaculización del acceso al mundo exterior, aunque no llegue a ser un sitio, es un acto de guerra, justificando una violencia masiva como reacción. La interferencia con el paso de Israel por los Estrechos de Tirán formó parte del pretexto para la invasión de Egipto por Israel (con Francia e Inglaterra) en 1956, y para su lanzamiento de la guerra de junio de 1967. El cerco de Gaza es total, no parcial, aparte de la disposición ocasional de los ocupantes de suavizarlo ligeramente. Y es mucho más dañino para los gazanos que lo que fue el cierre de los Estrechos de Tirán para Israel. Los partidarios de las doctrinas y acciones israelíes debieran por lo tanto no tener problema alguno con la justificación de los ataques con cohetes contra territorio israelí desde la Franja de Gaza.

Pero claro, de nuevo llegamos al principio anulador: Una cosa somos nosotros, otra cosa son ellos.

Israel no sólo mantuvo el sitio después de junio de 2008, sino lo hizo con extremo rigor. Incluso impidió que la UNRWA reabasteciera sus almacenes, “de modo que cuando se rompió el cese al fuego, se nos acabó el alimento para los 750.000 que dependen de nosotros,” informó el director de la UNRWA a la BBC.

A pesar del sitio israelí, el disparo de cohetes se redujo fuertemente. El cese al fuego se rompió el 4 de noviembre con un ataque israelí contra Gaza, que llevó a la muerte de 6 palestinos, y una descarga de cohetes en represalia (sin heridos). El pretexto para la incursión fue que Israel había detectado un túnel en Gaza que podría haber tenido la intención de ser utilizado para capturar a otro soldado israelí. El pretexto es transparentemente absurdo, como ha señalado una serie de comentaristas. Si hubiera existido un tal túnel, y llegado a la frontera, Israel podría haberlo clausurado fácilmente ahí mismo. Pero como de costumbre, el ridículo pretexto israelí fue considerado creíble.

¿Cuál fue el motivo de la incursión israelí? No tenemos evidencia interna sobre la planificación israelí, pero sabemos que la incursión tuvo lugar poco antes de las conversaciones programadas entre Hamás y Fatah en el Cairo orientadas a “reconciliar sus diferencias y crear un solo gobierno unificado,” informó el corresponsal británico Rory McCarthy. Iba a ser la primera reunión entre Fatah y Hamás desde la guerra civil de junio de 2007 que dejó a Hamás con el control de Gaza, y habría sido un paso importante hacia el progreso de esfuerzos diplomáticos. Existe una larga historia de provocaciones de Israel para eliminar la amenaza de diplomacia, algunas ya mencionadas. Puede haber sido otra más.

La guerra civil que dejó a Hamás con el control de Gaza es descrita comúnmente como un golpe militar de Hamás, que demuestra una vez más su naturaleza maligna. El mundo real es algo diferente. La guerra civil fue incitada por EE.UU. e Israel, en un burdo intento de un golpe militar para anular las elecciones libres que llevaron a Hamás al poder. Ha sido de conocimiento público por lo menos desde abril de 2008 cuando David Rose publicó en Vanity Fair un relato detallado y documentado de cómo Bush, Rice, y el Asesor Adjunto de Seguridad Nacional Elliott Abrams “respaldaron una fuerza armada bajo el hombre fuerte de Fatah Muhammad Dahlan, provocando una sangrienta guerra civil en Gaza y dejando a Hamás más fuerte que nunca.” El informe fue recientemente corroborado una vez más en el Christian Science Monitor (12 de enero de 2009) por Norman Olsen, quien sirvió durante 26 años en el Servicio Exterior, incluyendo cuatro años trabajando en la Franja de Gaza y cuatro años en la Embajada de EE.UU. en Tel Aviv, y que luego pasó a ser coordinador asociado para contraterrorismo en el Departamento de Estado. Olsen y su hijo detallan las artimañas del Departamento de Estado con el propósito de asegurar que su candidato, Abbas, ganara en las elecciones de enero de 2006 –en cuyo caso hubiera sido saludado como un triunfo de la democracia. Después del fracaso del amaño de las elecciones, se pasó a castigar a los palestinos y a armar una milicia dirigida por el hombre fuerte de Fatah, Muhammad Dahlan, pero “los matones de Dahlan actuaron demasiado pronto” y un ataque preventivo de Hamás debilitó el intento de golpe, llevando a medidas de EE.UU. e Israel mucho más duras para castigar a la gente desobediente de Gaza. La línea oficial es más aceptable.

Después que Israel rompió el cese al fuego de junio de 2008 (tal como era) en noviembre, el cerco fue reforzado aún más, con consecuencias aún más desastrosas para la población. Según Sara Roy, destacada especialista académica sobre Gaza: “El 5 de noviembre, Israel selló todos los puntos de cruce hacia Gaza, reduciendo fuertemente y a veces negando suministros de alimentos, medicinas, combustible, gas de cocina, y repuestos para sistemas de agua de y alcantarillado…” Durante noviembre, un promedio de 4,6 camiones con alimentos por día entró a Gaza desde Israel, en comparación con un promedio de 123 camiones por día en octubre. Se ha denegado el ingreso de repuestos para la reparación y mantenimiento de equipos relacionados con el agua durante más de un año. La Organización Mundial de la Salud acaba de informar que la mitad de las ambulancias de Gaza están averiadas actualmente” –y el resto no tardó en convertirse rápidamente en objetivos para los ataques israelíes. La única planta eléctrica de Gaza fue obligada a suspender su operación por falta de combustible, y no pudo recomenzar porque necesitaba repuestos, que habían estado en el puerto israelí de Ashdod durante 8 meses. La escasez de electricidad produjo un aumento de un 300% de los casos de quemaduras en el hospital Shifaa en la Franja de Gaza, como resultado de esfuerzos por encender fuegos de leña. Israel prohibió los envíos de cloro, de modo que a mediados de diciembre el acceso al agua en la Ciudad de Gaza y en el norte fue limitado a seis horas cada tres días. Las consecuencias humanas son incontables entre las víctimas palestinas del terror israelí.

Después del ataque israelí del 4 de noviembre, ambos lados escalaron la violencia (todos los muertos fueron palestinos) hasta que el cese al fuego terminó formalmente el 19 de diciembre, y el primer ministro Olmert autorizó la invasión hecha y derecha.
Unos pocos días antes, Hamás había propuesto la vuelta al acuerdo de cese al fuego de julio, que Israel no había respetado. El historiador y ex alto responsable del gobierno de Carter, Robert Pastor, transmitió la propuesta a un “alto oficial” del ejército israelí, pero Israel no respondió. El jefe de Shin Bet, la agencia de seguridad interior de Israel, fue citado por fuentes israelíes el 21 de diciembre diciendo que Hamás estaba interesado en continuar la “calma” con Israel, mientras su ala militar continuaba sus preparativos para un conflicto.

“Evidentemente había una alternativa para el enfoque militar a la detención de los cohetes,” dijo Pastor, refiriéndose al tema limitado de Gaza. También existía una alternativa más trascendental, que es poco discutida: es decir, que se aceptara un acuerdo político que incluyera todos los territorios ocupados.

El corresponsal diplomático sénior de Israel Akiva Eldar informa que poco antes de que Israel lanzara su invasión generalizada el sábado 27 de diciembre, “el jefe del politburó de Hamás, Khaled Meshal anunció en el sitio de Internet Iz al-Din al-Qassam que estaba dispuesto no sólo a un “cese de la agresión” –proponía que se volviera al acuerdo en el cruce de Rafah de 2005, antes de que Hamás ganara las elecciones y posteriormente se hiciera cargo de la región. El acuerdo era que el cruce fuera administrado en conjunto por Egipto, la Unión Europea, la presidencia de la Autoridad palestina y Hamás,” y como señalado anteriormente, llamaba a abrir los cruces para suministros necesitados desesperadamente.

Una afirmación estándar de los apólogos más vulgares de la violencia israelí es que en el caso del actual ataque, “como en tantos otros casos en el pasado medio siglo –la Guerra del Líbano de 1982, la reacción de ‘Puño de Hierro’ a la Intifada de 1988, la Guerra del Líbano de 2007– los israelíes han reaccionado a actos intolerables de terror con una determinación de infligir terrible dolor, de darle una lección al enemigo” (editor del New Yorker David Remnick). La invasión de 2006 sólo puede ser justificada sobre la base de un cinismo sobrecogedor, como ya fue mencionado. La referencia a la cruel reacción a la Intifada de 1988 es demasiado depravada para llegar a discutirla; una interpretación comprensiva hablaría de una ignorancia sorprendente. Pero la afirmación de Remnick sobre la invasión de 1982 es bastante común, una proeza notable de incesante propaganda, que merece unos pocos recuerdos.

Incontrovertiblemente, la frontera entre Israel y el Líbano estuvo tranquila durante un año antes de la invasión israelí, por lo menos desde el Líbano hacia Israel, del norte al sur. Durante ese año, la OLP observó escrupulosamente un cese al fuego iniciado por EE.UU., a pesar de constantes provocaciones israelíes, incluidos bombardeos con numerosas víctimas civiles, que presumiblemente tenían la intención de provocar alguna reacción que pudiera ser utilizada para justificar la invasión cuidadosamente planificada por Israel. Lo mejor que Israel pudo lograr fueron dos reacciones simbólicas ligeras. Luego invadió con un pretexto demasiado absurdo para ser tomado en serio.

La invasión no tuvo precisamente nada que ver con “intolerables actos de terror,” aunque tuvo que ver con intolerables actos: de diplomacia. Eso nunca ha sido poco conocido. Poco después del inicio de la invasión respaldada por EE.UU., el principal especialista académico sobre los palestinos de Israel, Yehoshua Porath –que no tiene nada de paloma– escribió que el éxito de Arafat al mantener el cese al fuego constituyó “una verdadera catástrofe ante los ojos del gobierno israelí,” ya que allanaba el camino a un acuerdo político. El gobierno esperaba que la OLP recurriera al terrorismo, debilitando la amenaza de que fuera “un legítimo socio en negociaciones para futuras acomodaciones políticas.”

Los hechos fueron bien entendidos en Israel, y no ocultados. El primer ministro Yitzhak Shamir declaró que Israel fue a la guerra porque existía “un terrible peligro… No tanto militar sino político,” llevando al excelente satírico israelí B. Michael a escribir que “la débil excusa de un peligro militar o de un peligro para Galilea ha muerto,” “Hemos eliminado el peligro político” acatando primero, a tiempo; ahora, “Gracias a Dios, no hay nadie con quien hablar.” El historiador Benny Morris reconoció que la OLP había observado el cese al fuego, y explicó que “la inevitabilidad de la guerra se basaba en la OLP como amenaza política para Israel y para el control de Israel sobre los territorios ocupados.” Otros han reconocido francamente los hechos indiscutibles.

En una artículo de opinión de primera plana sobre la última invasión de Gaza, el corresponsal del New York Times, Steven Lee Meyers, escribe que “En cierto modo, los ataques de Gaza recuerdan el juego que arriesgó Israel, y en gran parte perdió, en el Líbano en 1982 [cuando] lo invadió para eliminar la amenaza de las fuerzas de Yasir Arafat.” Correcto, pero no en el sentido que él piensa. En 1982, como en 2008, era necesario amenazar la amenaza de un acuerdo político.

La esperanza de los propagandistas israelíes era que los intelectuales y los medios occidentales se tragaran el cuento de que Israel reaccionó a una lluvia de cohetes contra Galilea, “intolerables actos de terror.” Y no han sido desilusionados.
No es que Israel no quiera paz: todos quieren paz, incluso Hitler. La cuestión es: ¿bajo qué condiciones? Desde sus orígenes el movimiento sionista ha comprendido que para lograr sus objetivos, la mejor estrategia sería demorar un acuerdo político, mientras lentamente creaba hechos consumados en el terreno. Incluso los acuerdos ocasionales como en 1947, fueron reconocidos por la dirigencia como pasos temporales hacia una expansión ulterior. La guerra del Líbano de 1982 fue un dramático ejemplo del desesperado miedo a la diplomacia. Fue seguida por el apoyo israelí a Hamás a fin de debilitar a la OLP secular y sus irritantes iniciativas de paz. Otro caso que debiera ser familiar son las provocaciones israelíes antes de la guerra de 1967 con el fin de provocar una reacción siria que pudiera ser utilizada como pretexto para la violencia y para apoderarse de más tierras –por lo menos en un 80% de los incidentes, según el Ministro de Defensa Moshe Dayan.

El asunto viene de lejos. La historia oficial de la Haganá, la fuerza militar judía anterior al Estado, describe el asesinato en 1924del poeta religioso judío Jacob de Haan, acusado de conspirar con la comunidad judía tradicional (la antigua Yishuv) y el Alto Comité Árabe contra los nuevos inmigrantes y su iniciativa de asentamientos. Y desde entonces ha habido numerosos ejemplos.

El esfuerzo por retardar la acomodación política siempre ha tenido un sentido perfecto, como las mentiras que lo acompañan sobre cómo “no existe un socio para la paz.” Cuesta pensar de otra manera de apoderarse de tierras si no eres bienvenido.
Motivos similares subyacen la preferencia de Israel por la expansión por sobre la seguridad. Su violación del cese al fuego del 4 de noviembre de 2009 es uno de muchos ejemplos recientes.

Una cronología de Amnistía Internacional informa que el cese al fuego de junio de 2008 había “logrado enormes mejoras en la calidad de vida en Sderot y otras aldeas israelíes cerca de Gaza, donde antes del cese al fuego los residentes vivían en el temor del próximo ataque palestino con cohetes. Sin embargo, cerca de ahí, en la Franja de Gaza, subsiste el bloqueo israelí y la población ha visto hasta ahora pocos dividendos del cese al fuego.” Pero los logros para la seguridad de las localidades israelíes cerca de Gaza son evidentemente sobrepasados por la necesidad sentida de disuadir de acciones diplomáticas que pudieran impedir la expansión de Cisjordania, y de aplastar toda resistencia restante dentro de Palestina.

La preferencia por la expansión por sobre la seguridad ha sido particularmente evidente desde la aciaga decisión de Israel en 1971, respaldada por Henry Kissinger, de rechazar un tratado total de paz del presidente Sadat de Egipto, sin ofrecer nada a los palestinos – un acuerdo que EE.UU. tuvo que aceptar en Camp David ocho años después, después de una guerra mayor que fue casi un desastre para Israel. Un tratado de paz con Egipto habría terminado cualquier amenaza importante para la seguridad, pero había un quid pro quo inaceptable: Israel hubiera tenido que abandonar sus amplios programas de asentamientos en el noreste del Sinaí. La seguridad era una prioridad menos importante que la expansión, y lo sigue siendo. Evidencia sustancial para esta conclusión básica es suministrada en un estudio magistral de la seguridad y política exterior de Israel de Zeev Maoz, “Defending the Holy Land.”

Actualmente, Israel podría tener seguridad, normalización de relaciones, e integración a la región. Pero es muy obvio que prefiere la expansión ilegal, el conflicto, y el ejercicio repetido de la violencia, acciones que no sólo son criminales, asesinas y destructivas sino que erosionan su propia seguridad a largo plazo. El especialista militar y en Oriente Próximo estadounidense, Andrew Cordesman, escribe que mientras la fuerza militar de Israel puede seguramente aplastar a la indefensa Gaza, “ni Israel ni EE.UU. pueden ganar con una guerra que produce una reacción [amarga] de una de las voces más sabias y moderadas en el mundo árabe, el príncipe Turki al-Faisal de Arabia Saudí, quien dijo el 6 de enero que 'El gobierno de Bush ha dejado [a Obama] un legado repugnante y una posición temeraria hacia las masacres y el derramamiento desangre de inocentes en Gaza… Basta ya, hoy somos todos palestinos y buscamos el martirologio por Dios y por Palestina, siguiendo a los que murieron en Gaza'."

Una de las voces más sabias en Israel, Uri Avnery, escribe que después de una victoria militar israelí: “Lo que quedará marcado a fuego en la conciencia del mundo será la imagen de Israel como un monstruo manchado de sangre, listo en todo momento a cometer crímenes de guerra y no dispuesto a acatar ninguna limitación moral. Esto tendrá severas consecuencias para nuestro futuro a largo plazo, nuestra reputación ante el mundo, nuestra posibilidad de lograr la paz y la tranquilidad. A la larga, esta guerra es también un crimen contra nosotros mismos, un crimen contra el Estado de Israel.”

Hay buenos motivos para creer que tiene razón. Israel se está convirtiendo deliberadamente en lo que posiblemente sea el país más odiado del mundo, y también está perdiendo la lealtad de la población de Occidente, incluidos los judíos estadounidenses más jóvenes, quienes probablemente no toleren durante mucho tiempo sus persistentes y horribles crímenes. Hace decenios, escribí que los que se llaman a sí mismos “partidarios de Israel” son en realidad partidarios de su degeneración moral y su problema destrucción en última instancia. Lamentablemente, ese criterio parece más y más plausible.

Mientras tanto observamos en silencio un evento raro en la historia. Lo que el difunto sociólogo israelí Baruch Kimmerling llamó "politicidio," el asesinato de una nación –a nuestras manos.


Articulo original en: http://www.zcommunications.org/znet/viewArticle/20316

CONTINUAR LEYENDO

LIBERTAD DE EXPRESIÓN

Artículo 6o. La manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque a la moral, los derechos de tercero, provoque algún delito, o perturbe el orden público; el derecho a la información será garantizado por el Estado.
Artículo 7o. Es inviolable la libertad de escribir y publicar escritos sobre cualquier materia. Ninguna ley ni autoridad pueden establecer la previa censura, ni exigir fianza a los autores o impresores, ni coartar la libertad de imprenta, que no tiene más límites que el respeto a la vida privada, a la moral y a la paz pública. En ningún caso podrá secuestrarse la imprenta como instrumento del delito.

(Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos)


El Congreso no promulgará ninguna ley con respecto a establecer una religión, ni prohibirá el libre ejercicio de la misma, ni coartará la libertad de expresión ni de la prensa; ni el derecho del pueblo a reunirse pacíficamente y de pedirle al Gobierno resarcimiento por injusticias.
(Primera Enmienda de la Constitución de los EE.UU., ratificada el 15 de diciembre de 1791.)


Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión

(Articulo 19 de la Declaración Universal de los Derechos humanos, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de Diciembre de 1948 en Paris.)


- 1. Toda persona tiene derecho a la libertad de expresión. Este derecho comprende la libertad de opinión y la libertad de recibir o comunicar informaciones o ideas sin que pueda haber ingerencias de autoridades públicas y sin consideración de fronteras.

-2. Se respetan la libertad de los medios de comunicación y su pluralismo.

(Artículo II - 71; Título II concerniente a "Libertades "del Tratado para el que se establece una Constitución Europea)

ir arriba